domingo, 29 de noviembre de 2020

LA UNIÓN FAMILIAR

 

(Publicado el domingo 8 de noviembre 2020 en La Estrella)

 

Haydée Méndez Illueca, PhD

Abogada, Defensora de Derechos Humanos

 

He notado que en el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo no ha surgido todavía la figura de lo que yo llamaría “Unión Familiar” de hecho y de derecho.  Como sabemos, hay muchos tipos diferentes de familia y el menos común (por lo menos en Panamá), resulta ser la familiar nuclear, formada por padre, madre e hijos, ya que el 85% de los niños panameños nacen fuera del matrimonio.  Pero hay un tipo de familia que no ha sido considerada legalmente: la familia formada por dos o más personas que no son parejas sexuales, sino que viven bajo el mismo techo y comparten gastos, se protegen y se cuidan mutuamente, pero que, a pesar de ello, tampoco tienen derechos de conjugues.

 

Estas familias pueden estar conformadas por dos amigas viudas de escasos recursos económicos que deciden vivir juntas porque no tienen más familiares o los familiares se desentienden de sus necesidades; por una persona homosexual, que por la razón que sea, vive con una persona heterosexual; tres amigos heterosexuales que deciden compartir un hogar; una persona anciana abandonada por sus parientes que es recogida por una amiga; etc.  Casualmente, sé de un caso de un pintor homosexual repudiado por sus parientes más cercanos, que vivía en un pueblo del interior.  Una familia con quien no tenía ningún parentesco lo alimentaba y cuidaba de él.  Fue trasladado a un hospital de la capital y un miembro de esa familia viajó con él y lo cuidó hasta su muerte.  Apenas sus verdaderos parientes supieron que había muerto, entraron arbitrariamente a su atelier y se llevaron sus pocas pertenencias y todas sus pinturas, que vendieron a muy buen precio.  ¿Creen ustedes que esto es justo?  Creo que las familias formadas por parejas o grupos de personas donde no haya un componente sexual ni parentesco también merecen una figura legal o la condición de unión familiar de hecho, que les dé derecho a heredar una propiedad en sucesión intestada, derechos migratorios si es extranjero o extranjera, decidir en cuestiones de salud y bioética sobre la otra persona, unir ingresos para formar el patrimonio familiar, tener seguro social como dependientes, visitas médicas, titulación conjunta, nacionalidad o permisos de residencia, derecho a pensión, inclusión en las limitaciones para testificar ante un tribunal por ser familia, leyes de derechos de familia, etc.  Incluso también derecho a adoptar --- ¿por qué no?  La unión de hecho tendría que probarse cumpliendo con los requisitos que se establezcan por ley y si existe como figura legal, podría ser declarada por un juez.

 

En cuanto a la denominación que se le dé a la unión de parejas homosexuales donde sí existe un componente sexual, sea matrimonio homosexual, matrimonio igualitario, o unión civil, para mí lo importante es la protección que debe brindar el Estado a todos por igual y que se le reconozcan los mismos derechos que tienen las parejas heterosexuales, porque son derechos de la persona humana.  Los homosexuales insisten en que ninguna institución es dueña de la palabra matrimonio. Lo que pasa es que la Iglesia Católica se apega a la palabra porque ha sacralizado el “matrimonio” entre un hombre y una mujer, pero ya vemos que no es tan sagrado, porque casi que existen más divorcios que matrimonios entre católicos.  Todos optan por la unión civil con otra persona después de divorciados, o simplemente no se casan y viven juntos.

Junto con Europa, América es uno de los dos continentes más permisivos con respecto al matrimonio igualitario.  Esto quiere decir que Panamá está atrasada en su legislación.  Las uniones del mismo sexo en América son reconocidas en diez de los 35 estados soberanos que conforman el continente: 8 países a nivel nacional a través del matrimonio igualitario (Argentina, Brasil, Canadá, nuestros vecinos Colombia y Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos y Uruguay).  En Chile, mediante la unión civil.  En México en algunos estados.  En Europa son reconocidas en Holanda, Nueva Zelanda, Bélgica, España, Noruega, Suecia, Portugal, Islandia, Dinamarca, Alemania, Finlandia, República Checa y Suiza.

A diferencia de la opinión del exmagistrado Díaz, la Corte Europea no ha declarado que el matrimonio igualitario está prohibido, sino que es elección de cada Estado.  De todas formas, Panamá no forma parte de la Corte Europea, sino de la CIDH.  Las declaraciones del Papa Francisco también han creado un revuelo entre los conservadores, que insisten en que “no dijo lo que dijo, sino lo que dicen algunos que creen que dijo”, como pasa con las declaraciones de los políticos.  Lo cierto es que la opinión del Papa tampoco puede imponerse erga omnes, sino sólo orientar a sus fieles.  Por eso es tan importante guardar la separación entre Estado e Iglesia.

MUJERES DEL ALMA MÍA

(Publicado el domingo 29 de noviembre de 2020 en La Estrella de Panamá)

 

Haydée Méndez Illueca, PhD

Abogada y Defensora de Derechos Humanos

 

La más reciente obra de mi escritora favorita, Isabel Allende, Mujeres del Alma Mía, cuyo subtítulo es “Sobre el amor impaciente, la vida larga y las brujas buenas”, resulta ser un canto al feminismo y una crítica al patriarcado, cuyo fin pareciera que no llega nunca.  Es un libro corto, casi autobiográfico, de lectura obligada para todas las mujeres (y hombres) que creen en la libertad, la sororidad (solidaridad en el caso de los hombres) y el respeto y la justicia, valores que a veces nos parece que van camino a la extinción---hasta que aparece en nuestro camino un libro como este y nos renueva la esperanza, siempre latente.

 

Isabel nos cuenta que fue feminista desde el kindergarten, antes de que el concepto se conociera en su familia.  Su madre fue abandonada en el Perú con “dos niños en pañales y un recién nacido en los brazos”.  La familia se refugió en casa de los abuelos en Chile, donde Isabel pasó sus primeros años, en una casona señorial que describe como desordenada y llena de empleadas domésticas, niños, perros y gatos.  Su enojo contra el machismo comenzó al ver a las mujeres de la época como víctimas subordinadas, sin recursos, sin voz y dominadas por las convenciones; situación que cambió para ella, porque pertenece a la generación del feminismo, con oportunidades que la generación anterior no tuvo.

 

En Chile, como en Panamá y la mayoría de los países de nuestra región, el pilar de la familia y la comunidad es la mujer.  Los padres van y vienen, sin acordarse más de los hijos.  Las mujeres se hacen cargo de los propios y de los ajenos cuando es necesario: son fuertes y organizadas.  Sin embargo, todavía hay diputados, curas y gobernantes que se creen con derecho a decidir sobre el cuerpo de la mujer, a negarle el derecho a la salud sexual y reproductiva, a prohibirle los anticonceptivos y el aborto hasta en situaciones extremas.  Los hombres controlan el poder político y económico, proclaman las leyes y las aplican a su antojo y en caso de que eso no sea suficiente, interviene la Iglesia con su consuetudinario sello patriarcal.  Recuerdo que, con su característico sentido del humor, en un discurso que dio hace unos años Isabel Allende describió a los curas conservadores como “ancianos seniles que nunca han mantenido una familia y además, usan polleras para trabajar, afirmando que no deberían tener derecho a opinar.

 

Las mujeres del alma son su madre, su hija Paula, que murió y su editora y mejor amiga, de Barcelona, Carmen Balcells, también difunta, pero la autora nos habla de las mujeres todas, que somos vulnerables mientras estamos solas, pero que florecemos si estamos juntas.  Necesitamos estar conectadas y desde el comienzo de los tiempos nos hemos juntado.  Ante una amenaza, la reacción masculina es huir o luchar (adrenalina y testosterona); mientras que la femenina es formar un círculo y poner a las crías en el centro (oxitocina y estrógeno).

 

A pesar de que las mujeres hemos tenido que actuar como damas, pensar como hombres, vernos bellas, trabajar como un caballo, aprender las tácticas masculinas y competir para lograr la emancipación y seguir luchando contra el patriarcado, éste sigue siendo el sistema operante de opresión, que exige obediencia y castiga a quien se atreva a desafiarlo.  El feminismo suele asustar, porque parece muy radical o se interpreta como odio al hombre, pero Isabel lo define como una postura filosófica y una sublevación contra la autoridad del hombre, una forma de entender las relaciones humanas y apostar por la justicia, “luchar por todos los oprimidos por el sistema”.  Se puede ser feminista y ser femenina (que en el idioma patriarcal quiere decir actuar como una dama y verse bella, sin dejar de trabajar como un caballo).

 

Los hombres son los que determinan la tradición, la costumbre y la cultura (lo que muchos denominan “la moral”, que es una palabra que prefiero no usar).  Y menos “la moral cristiana”, ya que hay muchas morales.  Las mujeres somos las que sufrimos el impacto del tráfico humano, la guerra, la pobreza y el abuso contra los derechos humanos.  Nos llaman radicales, porque como dice Isabel, no hay feminismo sin bulla.  Hay que hacer bulla para cuestionar conceptos sagrados que no tienen sentido.  Por eso Isabel ha formado su grupo: las Hermanas del Perpetuo Desorden, un círculo de amigas que forman un grupo de oración, que de rezos, nada.  Me recuerda el grupo al que pertenezco, que se llama “Las brujas”.  Pero ser bruja no es nada fácil, hay que tener estilo, talento, glamour y personalidad --- e Isabel lo tiene todo. 

lunes, 28 de septiembre de 2020

¿FEMICIDIO O FEMINICIDIO?

 


(Publicado en La Estrella de Panamá el domingo 27 de septiembre de 2020)


Haydée Méndez Illueca, Ph.D.

Abogada y Defensora de Derechos Humanos

Los términos ‘Femicidio’ y ‘Feminicidio’ muchas veces se toman como términos homólogos, o sinónimos; sin embargo, ambos presentan distintos matices y no deben confundirse.

El Femicidio es el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer, sin destacar las acciones u omisiones del Estado, mientras que el Feminicidio es un crimen de Estado, que toma en cuenta la participación del Estado por acción u omisión, y requiere que exista impunidad para que se configure el delito.

El Feminicidio es un término acuñado por la feminista mexicana Marcela Lagarde, que se usa en México y en algunos países de Centroamérica; es imposible de tipificar en un Código Penal, porque lleva implícita la pasividad y tolerancia de un Estado masculinizado, circunstancia que no se puede valorar de antemano.

El proceso de conceptualización del fenómeno de la muerte violenta de una mujer por ser mujer adquirió importancia en la década de 1970, cuando la expresión “femicide” (“femicidio”) fue acuñada por Diana Russell (q.e.p.d.), escritora y activista feminista.  Surge como alternativa al término “homicidio” con el fin de reconocer y visibilizar la discriminación, la opresión, la desigualdad y la violencia sistemática contra las mujeres que, en su forma más extrema, culmina en la muerte.  Se aplica a todas las formas de asesinato sexista, es decir, “los asesinatos realizados por varones motivados por un sentido de tener derecho a ello o superioridad sobre las mujeres, por placer o deseos sádicos hacia ellas, o por la suposición de propiedad sobre las mismas.”

 No obstante, las definiciones de “femicide” – femicidio y “feminicide” – feminicidio, se ha convertido en un tema controvertido.  Tuve oportunidad de cruzar correos con la misma Diana Russell antes de su muerte y se mantuvo siempre firme en que el término correcto era “femicidio”, por las razones antes expuestas.  El tema se volvió a tocar en una reunión de la Red Centroamericana contra la Violencia (a la que asistí en representación de Panamá), donde hablaron Ana Carcedo, feminista costarricense que abogaba por el término “Femicidio” y Marcela Lagarde, quien en el debate no pudo establecer con precisión cómo tipificar el feminicidio, en vista de que incluía otros actos además de causar la muerte a una mujer por el hecho de ser mujer.

 

Al final, se decidió que cada país usara el término que consideraba más adecuado y Panamá decidió usar el término acuñado por Diana Russel y así se redactó en la Ley 82 de 2013.  Es el término usado en el Observatorio de Género de la Defensoría del Pueblo. 

 El femicidio es causar la muerte a una mujer de cualquier edad, mediante acción u omisión, por el solo hecho de ser mujer.  Es la culminación de la violencia hacia la mujer y describe el asesinato de una niña o de una mujer cometido por un hombre, donde se encuentran todos los elementos de la relación desigual entre los sexos: el sentido de propiedad sobre la mujer y su cosificación, la superioridad genérica del hombre frente a la subordinación genérica de la mujer, la misoginia, el control y el sexismo, la discriminación o la violencia estructural contra las mujeres.

La acción puede darse por haber pretendido infructuosamente establecer o restablecer una relación de pareja, noviazgo o intimidad con la víctima; por mantener en la época en que se perpetre el hecho o haber mantenido con la víctima relaciones familiares, conyugales, de convivencia, de intimidad o noviazgo, amistad, compañerismo o relación laboral; como resultado de una reiterada manifestación de violencia, maltrato o tortura física en contra de la víctima; para encubrir una violación; como resultado de violencia psicológica que lleve al suicidio; por venganza entre pandillas de delincuentes; por misoginia (odio o desprecio hacia el sexo femenino); para satisfacer instintos sexuales; o por cualquier otro móvil generado por razón de su condición de mujer.

La omisión puede darse por causar la muerte por negligencia médica, si se comprueba que fue por causa de discriminación sexual; mortalidad materna evitable; prácticas dilatorias; negación de un servicio o prestación al que la mujer tenga derecho; abandono, falta de atención o de cuidado o incumplimiento de deberes.

Cuando el autor del crimen es desconocido, las autoridades que examinan el cuerpo de la víctima se basan en ciertos signos para determinar si es un femicidio o un simple asesinato: mutilación de cualquier tipo, sobre todo genital o de los senos; signos de violencia sexual de cualquier tipo; lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida; si el cuerpo de la víctima está expuesto o exhibido en un lugar público; actos de necrofilia; o si la víctima ha sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida.

 En la investigación posterior al levantamiento del cadáver e identificación de la víctima, se buscan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del supuesto sujeto activo en contra de la víctima; así como datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del posible sujeto activo en contra de la víctima

lunes, 14 de septiembre de 2020

LOS Y LAS CONTESTATARIAS

 

Haydée Méndez Illueca, Ph.D.

Abogada, Escritora y Defensora de Derechos Humanos

 

No nos podemos quedar callados.  La ciudadanía es la que debe determinar lo que quiere leer y oír de parte de los medios masivos de comunicación.  Somos los que determinamos el “rating” de los medios, por lo que tenemos no sólo el derecho, sino la responsabilidad de no quedarnos callados, sino de refutar la desinformación, las falsedades y las agresiones que aparecen en los medios, por parte de los grupos anti-derechos que quieren volver para atrás la evolución de la sociedad que tiende hacia un entorno más amigable y democrático.  Muchos tildan las nuevas ideas de radicales, pero lo cierto es que todas las ideas fueron nuevas y se consideraron radicales, hasta que dejaron de serlo.  Debemos ser contestatarios y contestatarias a todo ataque, porque el silencio otorga.

 

Muchas mujeres hasta ahora no se han atrevido a denunciar el acoso o el acecho, sobre todo en los estamentos de seguridad, ya que la verticalidad jerárquica del ambiente militar las intimida.  Desde un principio se les inculca que las órdenes se cumplen “sin dudas ni murmuraciones”.  Eso está muy bien en tiempos de guerra, sobre todo cuando había muy pocas mujeres policías.  Pero ahora han salido a flote los abusos que las féminas han tenido que soportar de parte de sus superiores hombres, con las denuncias de dos valientes mujeres contestatarias.  Y vendrán más.  Sospecho que estos casos sólo son la puntita del iceberg.  En el año 2000 las autoras del libro “Acoso Sexual: un Problema Laboral” realizamos una encuesta entre 400 mujeres en el área metropolitana de la ciudad de Panamá, que trabajaban en el sector público y privado, en diferentes tipos de oficios y profesiones, tanto tradicionalmente femeninas como tradicionalmente masculinas.  El propósito fue investigar cuántas mujeres habían sido acosadas u hostigadas en su sitio de trabajo, el tipo de hostigamiento, y sus efectos.  Llamó la atención que el grupo de mujeres policías sintió tanto temor a llenar el formulario de la encuesta, que se negaron, a pesar de que se les aseguró que era anónimo.  Esto ya nos indica que todas habían sido acosadas. 

 

De eso hace ya 20 años y esperemos que poco a poco todas nos convirtamos en contestatarias.  Sobre todo, ahora que la fuerza laboral femenina ha aumentado considerablemente, hay que identificar el acoso, la violencia y los machismos y sobre todo, denunciar.  La época en que los perros se amarraban con longaniza ya pasó, felizmente.  Tenemos el ejemplo de la diputada Kayra Harding, que ha denunciado y contestado con firmeza la violencia de que ha sido víctima por parte de otro diputado.  Pero el delito no ha sido solo del diputado agresor.  Hay delitos por acción y delitos por omisión.  El silencio de los demás hombres presentes, con una sola excepción, es vergonzoso.  También lo son los comentarios en las redes sociales criticando a la víctima y tratando de ridiculizarla.  Hasta divulgaron un video falso, de una niña malcriada a quien le daba una pataleta y dijeron que era ella.  Aparentemente, con la mayor participación de las mujeres en la vida pública, la falta de respeto hacia las mujeres ha incrementado en vez de disminuir.

 

El 3 de septiembre participé en un conversatorio virtual sobre violencia mediática con el tema “Las mil caras de la violencia”.  El joven moderador me hizo una pregunta muy interesante: ¿Qué podemos hacer los hombres a favor de la lucha por la igualdad?  Yo diría que contestar.  Cada vez que otro hombre dice o escribe algo que podría considerarse una agresión contra una mujer, contestarle, refutar, dar opinión en contrario.  De esa forma se puede ir de-construyendo la ideología patriarcal, que pretende volvernos a la situación histórica de inferioridad que vivimos las mujeres hace unas pocas décadas.

 

Existe un video que algunas veces utilizo en mis charlas sobre igualdad de género.  Dos hombres conversan mientras toman unos tragos y comen algunas boquitas.  Al terminar, el dueño de la casa se para y lleva las copas y los platos a la cocina a fregarlos.  El amigo se extraña, y le dice “Yo no ayudo a mi esposa, porque nunca me lo agradece.”  El anfitrión le contesta: “Yo no la estoy ayudando.  Yo también vivo aquí, como aquí, y tengo que mantener mi casa limpia.  También paseo y atiendo a los niños, porque son tan hijos míos como de ella.  La responsabilidad es de ambos, así que ella no tiene por qué agradecérmelo. 

 

A eso me refiero con ser contestatario.

domingo, 16 de agosto de 2020

VIOLENCIA TERMINOLÓGICA

Haydée Méndez Illueca

Abogada y Defensora de Derechos Humanos

(Publicado el domingo 16 de agosto de 2020 en La Estrella de Panamá)

 

Cada día surgen nuevas formas de violencia contra las personas, que afectan sus derechos humanos y atrasan la evolución de la humanidad hacia sociedades más justas, pacíficas y felices.  Una nueva forma de violencia es la violencia terminológica, llamada así porque se refiere a los términos peyorativos adoptados por grupos fundamentalistas en contra de las mujeres, las personas LGBTI, o personas pertenecientes a cualquier otro grupo vulnerable.  En esta época tecnológica, estos términos equívocos y peyorativos se difunden por las redes sociales y se vuelven parte del lenguaje cotidiano.  Son términos que conllevan mensajes falsos, mitos y estereotipos, que se propagan y forman parte de los discursos de odio y discriminación contra grupos vulnerables.  El peligro es que algunas personas, de tanto oírlos y verlos, los usan equivocadamente y se ven influenciadas por ellos.  En esta ocasión me voy a referir específicamente a algunos términos que se usan como herramienta de manipulación y desinformación contra las mujeres.

 

Uno es el término “feminazi”, que resulta ser un oxímoron (combinación de dos expresiones de significado opuesto con un resultado absurdo e incoherente), ya que el régimen nazi de Alemania se refiere al genocidio de unos seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que el feminismo salva vidas.  El feminismo, pues, de nazi no tiene nada.  Si existieran mujeres feminazis, ya hubieran aparecido en los matorrales una gran cantidad de hombres muertos, desnudos o descuartizados, tal como aparecen las mujeres víctimas de femicidio.  El uso del término denota una gran ignorancia sobre lo que es el feminismo, que es la defensa de la igualdad de derechos y oportunidades entre todos los seres humanos sin distinción; mientras que el machismo es la falsa superioridad del hombre sobre la mujer, que provoca discriminación y violencia física y verbal.

 

Otro término, utilizado por algunos jerarcas de la Iglesia Católica y fanáticos religiosos es el “feminismo radical”.  Así se le llamó a una corriente feminista que surge en Estados Unidos a finales de los años 1960 y continúa en la década de 1970, que sostenía que la raíz de la desigualdad era el patriarcado, el sistema de opresión del varón sobre la mujer.  Se denomina radical porque se propone buscar la raíz de la dominación, pero para los fundamentalistas el adjetivo “radical” se refiere más bien a “extremo”.  Fue etiquetado extremo, porque en esa época la violencia contra las mujeres se consideraba natural.  En nuestro Código Administrativo era una falta, ni siquiera un delito.  Pero ninguna lucha a favor de derechos humanos es extrema, sino todo lo contrario.  Aunque en algunos contextos las luchas de las mujeres han tenido que irse a extremos, ser activista radical no es lo mismo que ser genocida.  A pesar de que muchas mujeres llegaron al extremo de sacrificar su vida y llevamos décadas en la lucha, seguimos siendo víctimas.   El movimiento social de la década de 1970 sintetizó su teoría política en el eslogan “Lo Personal es Político”, lo que no se diferencia del pensamiento feminista actual.

Otro término que los fundamentalistas han puesto de moda es la “ideología de género”, un concepto que nadie ha podido definir con precisión, porque no existe.  Lo que sí existe es la teoría de género, que establece la diferencia conceptual entre sexo y género.  El género se refiere al conjunto de conductas atribuidas a los varones y a las mujeres, mientras que el sexo se refiere a las diferencias biológicas relacionadas con la reproducción y otros rasgos físicos y fisiológicos entre los seres humanos, características que son naturales e inmodificables.

 

Uno de los aportes más significativos del concepto de género es que ha abierto nuevos campos de investigación sobre masculinidad y diversidad sexual, aportando importantes modificaciones a legislaciones, políticas públicas y programas.  Este movimiento mundial ha generado mucha preocupación de parte de grupos conservadores, que atacan sin argumentos lógicos ni científicos toda acción que lleve a generar una sociedad con igualdad entre los géneros y no discriminación.

 

Lo que sí existe es la “ideología patriarcal” y tenemos clara su definición.  Este tema ha sido abordado recientemente por la abogada y escritora Mariblanca Staff Wilson, quien la describe como una ideología que “pretende que las mujeres permanezcan en sus casas, en labores domésticas, cuidando a sus maridos y en la crianza de los hijos, es decir, una dominación absoluta sobre las mujeres en todos los ámbitos”.

 

Todo lo anterior obliga a orientar responsablemente respecto a la teoría de género y sus aportes al desarrollo humano y social, desmitificándola como una “ideología” que afecta el desarrollo humano y familiar.


lunes, 10 de agosto de 2020

DERECHOS HUMANOS

 

·         Por Haydée Méndez Illueca

(Publicado en La Estrella de Panamá el domingo 9 de agosto de 2020)

El concepto de derechos humanos, que tanto critican los anti-derechos, nos ha vuelto más humanos y nos ha sacado de la barbarie de la Inquisición. Ya no quemamos brujas en la hoguera, se han eliminado las penas infamantes y la esclavitud (por lo menos legalmente). No obstante, últimamente pareciera que ha habido un recrudecimiento del irrespeto a los derechos humanos en general, con manifestaciones en contra de los derechos de todos los humanos: mujeres, razas que se consideran “inferiores”, homosexuales, no creyentes, fieles de otras religiones, extranjeros, inmigrantes, en fin, todos lo que se consideran los “otros”, como los que no tenemos un príncipe de la Iglesia que nos defienda desde un carro refrigerado.

No sé si son los efectos psicológicos de la pandemia, pero además de las plagas del coronavirus, la violencia, la delincuencia, el hambre, las langostas, las lluvias torrenciales y las tormentas eléctricas, estos grupos anti-derechos, fanáticos, dogmáticos, anacrónicos y misóginos han arremetido en todos los países contra los derechos humanos, las Naciones Unidas, los convenios de derechos humanos ratificados por Panamá y las leyes nacionales que los desarrollan. Aunque esto viene pasando desde hace varios años, últimamente, con las plagas que sufrimos, se ha juntado el hambre con las ganas de comer, como se dice vulgarmente.

Hay mandatarios anti-derechos, como el presidente de Estados Unidos, conocido misógino, racista y violador, culpable de que el virus esté fuera de control en varios estados de su país y obsesionado con su muro para detener la inmigración de mexicanos y, para colmo, exige que sea México el que lo pague.

En Brasil, otro presidente ultra conservador ha vetado el uso de mascarillas, a pesar de haber salido positivo con covid-19 por tercera vez, por lo que ha sido multado por un juez de su país. Incumple las recomendaciones médicas paseando en moto, codeándose con cientos de personas, acudiendo a manifestaciones en su favor, visitando establecimientos comerciales, haciéndose fotos y saludando amigablemente a todo el mundo. Ni qué decir de los “antiguos”, que se han eternizado en el poder, como el presidente de Nicaragua, violador de su hijastra desde que tenía 11 años, que asumió el poder con el apoyo de la Iglesia católica porque prometió y cumplió con penalizar el aborto, aun cuando los embarazos constituyan un riesgo para la vida o sean el resultado de una violación. La prohibición no solo no ha evitado los abortos, sino que ha provocado abortos clandestinos e inseguros, poniendo en riesgo la salud y la vida de mujeres y niñas.

A nivel individual y más recientemente, tenemos el ataque del abogado antifeminista, sospechoso de haber asesinado al único hijo de Esther Salas (primera mujer hispana que sirve como juez federal en Nueva Jersey, Estados Unidos), porque le caían mal los hispanos y las mujeres.

En nuestro país, la Alianza Panameña por la vida y la Familia ataca a dos reconocidos defensores de los derechos humanos que luchan por el respeto y la dignidad humana, porque “adversan públicamente los principios de nuestra fe católica”, con un discurso de odio y discriminación que no puede estar más alejado de las enseñanzas de Jesús, que predicaba amor y no discriminación. Utilizando un razonamiento medieval, cita a Benedicto XVI, para quien el matrimonio igualitario era la “doctrina del anticristo”. Pero cuando B-16 era Papa nunca criticó a los homosexuales de adentro, solo los de afuera eran anticristos. Esto se llama pecado selectivo. ¿Y la matanza y discriminación contra negros en Estados Unidos no es el anticristo? Para mí solo es pecado lo que hace daño a uno mismo o a otros (como la pedofilia, que la Iglesia católica ha tratado siempre de encubrir), no la unión legal de personas adultas del mismo sexo.

 A todo esto hay que sumarle la falta de respeto y maltrato físico y de palabra hacia una colega por parte de un diputado de Panamá, lo que también pasó con una congresista en Estados Unidos. Además, todo parece indicar que otro diputado panameño quedará impune por sus delitos sexuales. Con el rechazo a las guías de educación sexual, parece que el gobierno no cumplirá con su responsabilidad frente a la medicina preventiva.

Siempre me he autodenominado feminista, pero como no solo las mujeres somos discriminadas, de ahora en adelante me voy a llamar más bien defensora de derechos humanos, porque todos los panameños somos humanos, solo que de diferentes colores, apariencia, género, sexo, edad y orientación sexual, y como humanos tenemos derechos. Especialmente en Panamá, que estamos tan mezclados, no deberíamos ni usar el término afrodescendientes, sino “todo-descendientes”.

lunes, 20 de julio de 2020

LA TRATA


Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada, Escritora y Feminista
(Publicado el 19 de julio 2020 en La Estrella de Panamá)

Una de las mil caras de la violencia contra la mujer es la trata de personas.  El término “trata de blancas”, utilizado a partir de las guerras mundiales, se refería a las mujeres europeas de piel blanca que eran secuestradas o engañadas para ser servidoras sexuales en redes de prostitución, para diferenciarlas de las mujeres africanas e indígenas comercializadas como esclavas para todo uso.  

 

El término moderno es “trata de personas” y se refiere a un delito atroz que tiene como finalidad la explotación de personas de cualquier raza y sexo---hombres, mujeres, niños y niñas---en diversas actividades, una de la cuales es la sexual.  No es más que la compraventa de seres humanos y uno de los delitos de lesa humanidad más vergonzosos que existen.

 

Lastimosamente, este delito comenzó a crecer a lo largo del tiempo como un negocio que, en la actualidad, genera ganancias millonarias, en razón de la gran demanda.  El comercio en la actualidad es no sólo de mujeres, sino de cualquier hombre, mujer, niña, niño o adolescente, para cubrir la demanda de los diferentes consumidores.  Los niños se venden a los pederastas, se usan para mendigar o para extraerles órganos, que se venden en el mercado negro a precios altísimos.  Los hombres, aunque en menor porcentaje, para trabajo forzado, explotación sexual, servidumbre o extracción de órganos.  Pero sobre todo, la trata es la forma más antigua de violencia en contra de mujeres y niñas, porque 80% de las víctimas son mujeres y niñas; el 50% son menores de edad; el 75% se inició a los 13 años; y el 50% son analfabetas o de escuela primaria incompleta.
Las víctimas se captan por engaño; abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad, como edad, pobreza o ignorancia; rapto; fuerza; o amenaza.  En el delito participan varios actores (además de la víctima, que es el sujeto pasivo): la organización delictiva, que constituye la oferta; el cliente, que constituye la demanda; el proxeneta, que es el lleva a cabo el 99% de la explotación sexual; las personas que vigilan y cuidan “la mercancía”; y en muchos casos, las familias pobres que venden a sus hijas.
Las víctimas muchas veces desarrollan una relación de dependencia con sus proxenetas (síndrome de Estocolmo), tienen baja autoestima y se vuelven adictas a las drogas, porque los proxenetas muchas veces las mantienen drogadas para controlarlas.  Sin mencionar las enfermedades, el riesgo de perder la vida a manos de un cliente, los traumas psicológicos y la estigmatización.
Se han generado movimientos que buscan cambiar la percepción de la mujer, creada con base en estereotipos que han estado presentes a través del tiempo.  No obstante, la lucha sigue en la actualidad, forjando herramientas esenciales a través de la equidad para lograr igualdad entre hombres y mujeres.  En la última década, algunos organismos de las Naciones Unidas, varios gobiernos, algunas ONG y algunas académicas han promovido la política de que la prostitución es voluntaria y la trata sexual es forzada. Sin embargo, la realidad es que la prostitución y la trata sexual son habitualmente codependientes.  En los países que prohíben la trata pero despenalizan la industria del sexo, la prostitución, la trata sexual, el sector sexual ilegal y la prostitución infantil se expanden.  Una de las ONG que más ha luchado en contra de la despenalización de la prostitución es la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, (CATWLAC por sus siglas en inglés).
En Panamá se penaliza la prostitución y la trata mediante la Ley 79 de 2011, que fortalece políticas y acciones de seguridad y brinda protección y asistencia a las víctimas de todas las modalidades de la trata, con especial atención a mujeres y menores.  Es muy importante dar a conocer esta ley, que penaliza a todos los actores y protege a la víctima, la cual no puede ser detenida y su consentimiento no exime de pena a ninguno de los actores.  Establece la Fiscalía Especializada contra la Delincuencia Organizada dentro del Ministerio Público y la denuncia obligatoria.
En estos tiempos de pandemia, aunque es cierto que se necesitan recursos para combatir el virus, es imperativo no bajar la guardia y destinar también recursos para la protección de las víctimas, así como para capacitación en prevención a todos los niveles, sobre todo de adolescentes y menores, haciendo énfasis en los factores de riesgo que inciden en el delito, a saber, sobrevivencia, las redes del crimen organizado, abuso sexual o maltrato en la infancia, adicciones o deudas, desconocimiento, adopciones ilegales y consumismo.

domingo, 24 de mayo de 2020

Religión, Moral y Derecho


Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada, Escritora y Feminista

(Publicado en La Estrella 24/05/2020)

Mucho se habla de la “moral Cristiana”.  El término aparece repetidamente en nuestra Constitución Política, lo que ha sido criticado por muchas personas (incluyendo a la suscrita), ya que hay varios tipos de moral.  La moral es un conjunto de hábitos o costumbres que una sociedad determinada considera positivos, pero puede variar de una sociedad a otra, así como por el transcurso del tiempo.  Esto lo hace relativa y una norma que es relativa no debe aparecer en la ley fundamental de un país.  La tolerancia y el diálogo intercultural son posibles sin que alguien tenga que dejar de creer en lo que cree, ni dejar de ser lo que es.

Muchos autores han teorizado sobre la diferencia entre Derecho y moral.  La función más importante del Derecho es erradicar la violencia de las relaciones humanas y el fanatismo es una manifestación de la violencia.  El fanatismo existe en dos posturas que están polarizadas: el fanatismo religioso y el fanatismo anti-religioso.  El Derecho debe regular la sociedad sin causar más violencia.  Debe ser neutro, laico e incluyente, por lo que no puede obligar a nadie a comportarse según un sistema normativo moral, como lo es la religión.

Moral viene del latín “mores”, que significa costumbre.  Hay costumbres malas y costumbres buenas, pero tendemos a ver nuestras costumbres, nuestro sistema, como el único y el superior, estigmatizando a cualquier otro.

La moral existe desde las sociedades primitivas, desde que el ser humano necesita desenvolverse de acuerdo a normas que le permitan relacionarse con sus pares y que sean aceptadas por su grupo social.  La moral cristiana se basa en los principios de caridad expuestos por Jesús, y supone que los cristianos deben llevar una vida virtuosa, practicando los consejos y la propia experiencia de vida de Jesús.  Con el tiempo, la Iglesia como institución creó un sistema normativo mediante dogmas y jerarquías eclesiásticas, como una forma de controlar las relaciones entre los individuos, que no existían en el tiempo de Jesús.  Lo que se considera como moral siempre responde a situaciones económicas, sociales y espirituales del momento, de la época, mientras que el sistema normativo moral de la Iglesia Católica, por ejemplo, sigue planteando los valores y propuestas que eran válidas en la época en que fueron creadas y que muchas veces chocan con la moral que es aceptada en nuestros tiempos.

Podemos citar como ejemplos la moral dominante en el mundo antiguo, con la división de la sociedad en dos clases de hombres: libres y esclavos (las mujeres eran poco más que un apéndice del hombre, un varón defectuoso).  Los esclavos eran considerados cosas (res) y la moral de los hombres libres se oponía a la de los esclavos, que la rechazaban.  La moral en la época feudal, aceptada por la Iglesia, consideraba normal el derecho de pernada, según el cual el Señor tenía derecho a cohabitar con la novia de su siervo antes de su noche de bodas.  Luego, con las grandes revoluciones que alteraron el orden monárquico y acabaron con el absolutismo de la Iglesia en la vida privada de las personas, volvió la moral a dar un giro hacia la libertad individual, los derechos humanos y el feminismo.  La educación sexual, la sexualidad como algo natural e innato de la persona humana, así como el derecho de la mujer a ser dueña de su propio cuerpo y a tener los hijos que desea y que puede responsablemente criar, han sido rechazados por la Iglesia Católica por considerarlos “inmoral”.  Por otro lado, las personas “no creyentes” o no cristianas rechazan la costumbre de prohibir la venta de bebidas alcohólicas en “Viernes Santo”, de tener imágenes de santos o crucifijos en los planteles educativos donde estudian sus hijos, o de verse obligados a soportar las invocaciones religiosas en los actos gubernamentales.

Toda persona tiene necesidad de pertenecer a algo.  La religión es positiva porque da un sentido de seguridad, de pertenencia a algo, un grupo social o una familia.  Pero toda fe ciega, ya sea en la ciencia o en los dogmas, es peligrosa, porque desemboca en el fanatismo y la violencia.  Debemos ampliar nuestra manera de pensar y lograr que nuestro razonamiento sea elástico. 

La diferencia entre la moral y la ética es que la ética reflexiona sobre las conductas que la moral propone como buenas o malas, siempre en busca de regular el orden social con el objetivo de que las personas puedan convivir en sociedad con libertad; y es que en algunos casos la moral o costumbre propuesta es injusta o discriminatoria contra un grupo dentro de la sociedad.

El sacerdote jesuita Pierre Teilhard de Chardin incluso separa la espiritualidad de la religión.  Una persona puede ser espiritual, sin ser religiosa. Nos dice que la religión, como institución, no es sólo una, hay cientos, mientras que la espiritualidad es una.  “La religión es para aquellos que necesitan que alguien les diga qué hacer y quieren ser guiados, mientras que la espiritualidad es para aquellos que prestan atención a su voz interior.”  “La religión tiene un conjunto de reglas dogmáticas, mientras que la espiritualidad invita a razonar sobre todo, a cuestionar todo.”  “La religión amenaza y asusta, mientras que la espiritualidad da paz interior.”  “La religión habla de pecado y culpa, mientras que la espiritualidad dice, ‘aprender del error’.”  “La religión sigue los preceptos de un libro sagrado, mientras que la espiritualidad busca lo sagrado en todos los libros.”  “La religión se alimenta del miedo, la espiritualidad se alimenta de la confianza y la Fe.”


Así como evoluciona la moral según los valores y las situaciones económicas, sociales y espirituales del momento, es necesario que el Derecho se adecúe al cambio social.  Con la globalización y la gran mezcla de culturas, religiones y costumbres que ésta ha causado en casi todos los países del mundo (sobre todo en el nuestro, por su posición geográfica), no podemos aceptar que el Derecho se estanque.  Debemos aprovechar la oportunidad que nos da la posibilidad de reformar la Constitución (una vez que pase el estado actual de emergencia por el Covid-19), así como también mantenernos siempre al día con nuevas leyes que reflejen la constante evolución del pensamiento y las costumbres.


miércoles, 6 de mayo de 2020

EL VIENTO SUR



(Publicado el domingo 3 de mayo de 2020 en La Estrella de Panamá)

Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada Feminista y Escritora

Santo Tomás decía que “la fuerza activa en la semilla del hombre tiende a la perfección, mientras que la producción de la mujer viene de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material y hasta de alguna influencia externa, como el viento sur, que es húmedo.”  También nos dice que Dios previó que la mujer sería ocasión de pecado para el hombre, pero la creó para que lo ayudara en la procreación.  Según él, la mujer por naturaleza tiene menos fuerza y menos dignidad que el hombre.  Desde allá nos vienen los estereotipos, que no sólo perjudican a las mujeres, sino también a los hombres.  Los grandes descubrimientos, el avance científico y el dominio de la razón y de la ética en el Siglo XV y finales del XVIII iluminaron esta oscuridad como un rayo de luz.  Luego, a principios del siglo XX, con el descubrimiento de los cromosomas, se pudo determinar que no se trataba de un viento sur, sino que la hembra de nuestra especie es el sexo base, con dos cromosomas XX y que el sexo masculino es determinado por el cromosoma Y: es el XY.

Estas creencias atávicas son el origen de la misoginia o desprecio contra las mujeres, que caracteriza la ideología patriarcal y que aún persiste en nuestros días.  Esto ha obligado a las Naciones Unidas a realizar convenciones internacionales para proteger los derechos humanos de las mujeres, como la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (mejor conocida como la CEDAW) y la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (mejor conocida como la Convención Belem Do Para), que son leyes de la República de Panamá.  En cumplimiento con las disposiciones de estas convenciones, muchos países han promulgado leyes especiales contra la violencia hacia las mujeres; en Panamá, es la Ley 82 de 2013, que previene y sanciona la violencia contra las mujeres y tipifica el femicidio.

En su primer artículo, la Convención Belem Do Para define la violencia contra la mujer como: “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.  El siguiente artículo incluye la violencia física, sexual y psicológica, en cualquier relación interpersonal, que tenga lugar en la comunidad, sea perpetrada por cualquier persona y perpetrada o tolerada por el Estado o sus agentes, dondequiera que ocurra.  La Convención CEDAW en su artículo 1 establece que la “discriminación contra la mujer” es violencia.

Por otro lado, la Ley 82 de 2013 establece que se entenderá por violencia contra las mujeres cualquier acción, omisión o práctica que ponga a las mujeres en desventaja con respecto a los hombres, así como las amenazas de tales actos, que incluye las perpetradas desde el Estado o por sus agentes, la violencia política y la violencia simbólica, que consiste en mensajes que transmiten estereotipos sexistas de dominación o agresión contra una mujer en cualquier ámbito público o privado, incluyendo los medios de comunicación social.

Las citadas disposiciones de estas convenciones internacionales permiten analizar e interpretar el reciente incidente protagonizado en la Asamblea Nacional, en el que un diputado agredió física y verbalmente a una diputada.  Esto no puede ser ignorado, ni por la Comisión de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia de la Asamblea, ni por la propia Asamblea, ni por el partido al que pertenece el diputado, ni por la Corte Suprema de Justicia, que es la institución que tiene competencia para investigar y juzgar a los diputados.  Es obligación del Estado cumplir con las convenciones internacionales, que son parte del bloque constitucional y son ley de la República, para garantizar el respeto a la integridad física y emocional, tanto de las mujeres como de todas las personas que se encuentren en nuestro territorio.

Al diputado de marras se le señala que primero agredió a la diputada con insultos y amenazas, utilizando un vocabulario soez que resulta irrepetible y luego atacó físicamente a la diputada, tirándole una botella de agua a su boca y su pecho.  El diputado denunciado ha querido excusar su comportamiento públicamente, diciendo que en una reunión es “normal” que se den empujones y manotazos, porque cualquiera puede volverse “eufórico”, “podemos chocarnos y manotearnos”.  Después dijo que la botella no había sido dirigida a la diputada.  Todo pasó con el silencio cómplice de muchos hombres presentes, incluso en presencia del diputado a quien el agresor le rompió la cabeza y por el que ella intercedió.  Así lo dijo en sus declaraciones la diputada víctima de la violencia de género, con excepción de cuatro diputados que manifestaron haber sido testigos de los hechos denunciados por ésta.

Como es típico de las personas que no controlan sus impulsos ni aceptan su responsabilidad y en vez de defenderse atacan a su víctima, el diputado querelló a la diputada por simulación de hecho punible y por difamarlo como maltratador y delincuente.  Las redes sociales también se activaron, revictimizando a la denunciante, cuestionando su comportamiento y antecedentes y hasta mostrando un video de cuando la diputada supuestamente era una niña de corta edad y le dio una pataleta en un almacén.  El resultado de esta revictimización tiene un efecto disuasorio para que a las mujeres no se nos ocurra denunciar la violencia ni participar en el ámbito político como candidatas a puestos de elección.  Nos están enviando el mensaje que no deberíamos participar en política “porque ese no es un lugar para mujeres”; que no debemos tener tanto carácter, “porque eso no es propio de una dama”, etc.  Todos estos estereotipos son parte de la estrategia patriarcal para mantener a las mujeres “en su sitio”.

Por el contrario, las redes no mencionan los antecedentes públicos y notorios del agresor, que ya ha sido protagonista de varios escándalos por conducta impropia y extremadamente indigna de un diputado.

En una reunión la discusión se gana con argumentos, no con violencia.  Como dice Sun Tzu en El arte de la guerra, un líder lidera con el ejemplo, no por la fuerza.  Los apasionamientos irracionales terminan siendo ridiculizados.

Todavía hay un caso pendiente de otro diputado acusado de violencia sexual que no ha sido resuelto.  Las mujeres exigimos que la Corte Suprema de Justicia actúe con celeridad en todos los casos de violencia contra las mujeres; que se acabe la impunidad de los agresores; y que la lucha de las mujeres por una vida libre de violencia no haya sido en vano.  Las mujeres no somos seres defectuosos porque sopló “un viento sur, que es húmedo”.  Somos mujeres por derecho propio.

sábado, 18 de abril de 2020

EL MACHISMO EN LOS TIEMPOS DEL CORONA






Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada, Escritora y Feminista

(Publicado en "La Estrella de Panamá" (versión digital) el sábado 11 de abril 2020)

Cierto, todos y todas estamos saturadas de estadísticas y advertencias sobre el COVID-19 en Panamá, pero por estar concentrado en la pandemia, el personal de salud (con justa razón, porque es una emergencia nacional) no ha tenido tiempo de enfrentar otro problema de salud pública: el hecho de que la cuarentena pone a las mujeres en mayor riesgo de sufrir violencia doméstica y hasta de ser víctimas de femicidio, como culminación de la misma.  No olvidemos que el patriarcado no está en cuarentena.  Por el contrario, los machistas se aprovechan del aislamiento social de sus víctimas.

El machismo se ha exacerbado con el confinamiento y las limitaciones económicas resultantes de la pandemia, que obliga a las víctimas a permanecer en el mismo espacio que sus agresores.  La situación económica incrementa la tensión y la posibilidad de sufrir violencia física, psicológica y sexual.  Aumenta la dependencia económica que ya sufren muchas mujeres, lo cual favorece el control que el agresor tiene sobre su víctima.  Además, las mujeres tienen menos posibilidad de denunciar, de escapar y de acudir a sitos más seguros, o de comunicarse con alguna red de apoyo.

Sólo la Fiscalía Regional de San Miguelito ha recibido al menos 26 denuncias de violencia doméstica en los días que han transcurrido desde que fue decretada la cuarentena en Panamá.  El 4 de abril amanecimos con la terrible noticia de un femicidio/suicidio en Las Garzas, donde un hombre le cortó el cuello a su pareja dentro de la casa y luego se ahorcó.  Esto no es nuevo; el delito de violencia doméstica tiene varios años de ser el más cometido en Panamá.  Según el Ministerio Público, en 2019 se recibieron 16,871 denuncias de violencia doméstica, de las cuales el 79% de las víctimas fueron mujeres (Ministerio Público, 2020).  El COVID-19 no es la causa directa, sino que ha agravado el machismo ya existente.  Las víctimas debieron haber estado atentas a los indicadores y buscar ayuda especializada oportunamente.

El desencadenante de la violencia contra las mujeres es la ideología patriarcal, que está muy afincada en nuestro medio.  Los fundamentalistas han inventado el término “ideología de género” para oponerse a la educación sexual, al aborto, al homosexualismo, al matrimonio igualitario y al uso de anticonceptivos, pero el género no es más que un término técnico específico en ciencias sociales, que alude al conjunto de características diferenciadas que cada sociedad asigna a hombres y mujeres.

El patriarcado, por el contrario, sí es una ideología.  Es un sistema de ideas que facilita la explotación de las mujeres por la clase dominante y su subordinación a los hombres en las relaciones de género.  En consecuencia, genera desigualdades salariales, negación de oportunidades, maltrato físico-psicológico, torturas, burlas, violencias y femicidios.

¿Cuáles son algunos indicadores de que su vida puede estar en peligro?  Preste atención si su pareja es celoso, posesivo, controlador o tiene una enfermedad mental; pérdida de ingresos o confinamiento, como en la situación actual; armas de fuego en la casa; violencia con parejas anteriores; factores de estrés nuevos o crónicos; relación de la víctima con una nueva pareja; el agresor ha violado una medida cautelar; el agresor no acepta la separación y no tiene otra pareja; y el uso de alcohol o drogas, entre otras cosas.

Las mujeres deben tener un plan de escape si piensan que están en peligro inminente de ser golpeada o amenazada de muerte.  Un plan de escape puede ayudarlas a ellas y a sus hijas o hijos a salir de una situación peligrosa.  Estos son algunos de los pasos que puedes seguir:

Preparar una maleta con pertenencias de primera necesidad o cosas que no deseas dejar, que sean fáciles de guardar y cargar y guárdala en casa de una vecina, familiar o amistad cercana:
·         Mudas de ropa para ti y las/os niñas/os.
·         Artículos de aseo personal.
·         Artículos de bebé o para las/os niñas/os
·         Juguetes o artículos especiales de tus niñas/os
·         Medicinas habituales
En un sobre aparte, recopila y ten a mano documentos personales importantes y déjalos en la maleta:
·         Carné de Seguro Social tuyo o de tus hijas/os
·         Certificado de nacimiento y/o pasaporte tuyos y de tus hijas/os
·         Certificado de Matrimonio si estás casada con el agresor
·         Licencia de conducir y registro del automóvil
·         Tarjetas de vacunación
·         Recetas de medicinas y de tus hijas/os que puedas necesitar
·         Dinero en efectivo
·         Libretas de ahorros, chequeras, tarjetas de crédito o sus números de cuentas
·         Expedientes médicos tuyo y de tus hijas/os
·         Recibos de pagos importantes
·         Copias de llaves de la casa y carros
·         Documentos escolares de las/os niñas/os
·         Fotos tuyas y de tus hijos/as
·         Evidencias de maltratos recibidos (fotos, videos, grabaciones).

Llama a la policía:
·         Diles que estás en una situación de violencia doméstica.  Dales detalles y la información completa.
·         Anota el número de placas y el nombre de las/los policías y personal que investigue tu caso.
·         Anota el número de la denuncia y pide copia de ésta.
·         Solicita escolta de la policía y/o acude a la fiscalía más cercana a solicitar una medida de protección.  Las fiscalías deben atender 24/7, aún en tiempos de pandemia.

Considera el transporte y la forma de salir de la casa:
·         Piensa en cómo y con quién vas a salir de la casa: policía, taxi, transporte público, en el carro de amistades o familiares, etc.
·         Decide de antemano a dónde vas a ir e infórmaselo a la persona que escogiste.  Así estará avisada cuando llegues, ya sea de día o de noche, en caso de una emergencia.

Ten a mano una libreta o celular con los teléfonos importantes de:
·         Tus médicos/as o las/os de tus hijas/os
·         Policía
·         Albergues y oficinas de servicios para mujeres maltratadas
·         Instituciones de ayuda emocional

Utiliza recursos de ayuda:
·         Si has sido agredida, ve a un cuarto de urgencias, aunque tus golpes o heridas no sean visibles.  Infórmale al personal del centro de salud que estás en una situación de violencia doméstica.  Pide copia del expediente médico; esto te ayudará en caso de que decidas presentar denuncia contra el agresor.

Consigue a alguien de confianza con quien dejar las mascotas que tengas.

¿Qué pueden hacer las autoridades durante la pandemia para enfrentar esta situación?  En primer lugar, es imprescindible iniciar campañas de prevención/atención de la violencia doméstica, por televisión, radio, redes sociales y radio bemba, con indicaciones de qué hacer y dónde acudir en caso de ser víctima de agresiones machistas o de percatarse de que exista violencia en el vecindario.  La Organización sin fines de lucro Crime Stoppers, SENNIAF, MINSEG y la Policía Nacional han lanzado una plataforma para denuncias anónimas, accediendo a “www.tupista.org”.  El Ministerio Público anunció que las denuncias son atendidas en la Sexta Sub Regional de Juan Díaz y Pedregal. En el distrito de San Miguelito las oficinas de atención primaria se encuentran brindando el servicio, al igual que en las provincias de Colón, Panamá Oeste, Coclé, Veraguas, Herrera, Los Santos, Chiriquí y Bocas del Toro.  El Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) brinda atención psicológica, legal y de orientación las 24 horas al día 7 días a la semana, a través de la línea 182 y el teléfono 323-3281, conectando a las víctimas con las autoridades pertinentes.

Es importante que aprovechemos un público cautivo, durante la cuarentena, para dar clases de educación integral en sexualidad por televisión, tanto para padres de familia como parte de los módulos que reciben los estudiantes durante el tiempo que no pueden acudir a las escuelas, así como implementar con urgencia notoria los brazaletes electrónicos, tanto para mantener a los agresores alejados de sus víctimas, como para mantener en casa a los irresponsables que reinciden en no respetar la cuarentena.  Asimismo, es necesario establecer expresamente una excepción al Decreto que ordena cuarentena total en el país, para permitir la salida de casa de las víctimas de violencia doméstica, así como también endurecer las medidas de protección por el tiempo que dure la cuarentena.