Haydée Méndez Illueca
Abogada y Defensora de Derechos Humanos
(Publicado el domingo 16 de agosto de 2020 en La Estrella de Panamá)
Cada día surgen nuevas formas de violencia contra las
personas, que afectan sus derechos humanos y atrasan la evolución de la
humanidad hacia sociedades más justas, pacíficas y felices. Una nueva forma de violencia es la violencia
terminológica, llamada así porque se refiere a los términos peyorativos
adoptados por grupos fundamentalistas en contra de las mujeres, las personas
LGBTI, o personas pertenecientes a cualquier otro grupo vulnerable. En esta época tecnológica, estos términos
equívocos y peyorativos se difunden por las redes sociales y se vuelven parte
del lenguaje cotidiano. Son términos que
conllevan mensajes falsos, mitos y estereotipos, que se propagan y forman parte
de los discursos de odio y discriminación contra grupos vulnerables. El peligro es que algunas personas, de tanto
oírlos y verlos, los usan equivocadamente y se ven influenciadas por
ellos. En esta ocasión me voy a referir
específicamente a algunos términos que se usan como herramienta de manipulación
y desinformación contra las mujeres.
Uno es el término “feminazi”, que resulta ser un oxímoron (combinación
de dos expresiones de significado opuesto con un resultado absurdo e
incoherente), ya que el régimen nazi de Alemania se refiere al genocidio de
unos seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que el
feminismo salva vidas. El feminismo,
pues, de nazi no tiene nada. Si
existieran mujeres feminazis, ya hubieran aparecido en los matorrales una gran
cantidad de hombres muertos, desnudos o descuartizados, tal como aparecen las
mujeres víctimas de femicidio. El uso
del término denota una gran ignorancia sobre lo que es el feminismo, que es la
defensa de la igualdad de derechos y oportunidades entre todos los seres
humanos sin distinción; mientras que el machismo es la falsa superioridad del
hombre sobre la mujer, que provoca discriminación y violencia física y verbal.
Otro
término, utilizado por algunos jerarcas de la Iglesia Católica y fanáticos
religiosos es el “feminismo radical”. Así
se le llamó a una corriente feminista que surge en
Estados Unidos a finales de los años 1960 y continúa en la década de 1970, que
sostenía que la raíz de la desigualdad era el patriarcado, el sistema de
opresión del varón sobre la mujer. Se
denomina radical porque se propone
buscar la raíz de la dominación, pero
para los fundamentalistas el adjetivo “radical” se refiere más bien a
“extremo”. Fue etiquetado extremo,
porque en esa época la violencia contra las mujeres se consideraba
natural. En nuestro Código
Administrativo era una falta, ni siquiera un delito. Pero ninguna lucha a favor de derechos
humanos es extrema, sino todo lo contrario.
Aunque en algunos contextos las luchas de las mujeres han tenido que
irse a extremos, ser activista radical no es lo mismo que ser genocida. A pesar de que muchas mujeres llegaron al
extremo de sacrificar su vida y llevamos décadas en la lucha, seguimos siendo
víctimas. El
movimiento social de la década de 1970 sintetizó su teoría política en el
eslogan “Lo Personal es Político”, lo que no se diferencia del pensamiento
feminista actual.
Otro término que los
fundamentalistas han puesto de moda es la “ideología de género”, un concepto
que nadie ha podido definir con precisión, porque no existe. Lo que sí existe es la teoría de género, que establece la diferencia conceptual entre sexo y
género. El género se refiere al conjunto
de conductas atribuidas a los varones y a las mujeres, mientras que el sexo se
refiere a las diferencias biológicas
relacionadas con la reproducción y otros rasgos físicos y fisiológicos entre
los seres humanos, características que son naturales e inmodificables.
Uno de los aportes más significativos del concepto de género es que ha abierto nuevos campos de
investigación sobre masculinidad y diversidad sexual, aportando importantes
modificaciones a legislaciones, políticas públicas y programas. Este movimiento mundial ha generado mucha
preocupación de parte de grupos conservadores, que atacan sin argumentos
lógicos ni científicos toda acción que lleve a generar una sociedad con
igualdad entre los géneros y no discriminación.
Lo que sí existe es la
“ideología patriarcal” y tenemos clara su definición. Este tema ha sido abordado recientemente por
la abogada y escritora Mariblanca Staff Wilson, quien la describe como una
ideología que “pretende
que las mujeres permanezcan en sus casas, en labores domésticas, cuidando a sus
maridos y en la crianza de los hijos, es decir, una dominación absoluta sobre
las mujeres en todos los ámbitos”.
Todo lo anterior obliga a orientar responsablemente respecto
a la teoría de género y sus aportes al desarrollo humano y social, desmitificándola
como una “ideología” que afecta el desarrollo humano y familiar.