domingo, 7 de julio de 2024

BIOÉTICA

 La bioética es una disciplina que se enfoca en examinar las implicaciones éticas de las prácticas médicas, científicas y biotecnológicas, especialmente en relación con la vida humana y el medio ambiente.  Busca proporcionar principios y pautas para tomar decisiones éticamente correctas en campos como la medicina, la investigación biomédica, la biotecnología y la reproducción asistida, entre otros.

 En Panamá nos hemos quedado atrás en cuanto a la regulación judicial de la bioética.  Es fundamental establecer un marco legal regulatorio en Panamá, para que garantice el respeto a la dignidad humana, los derechos fundamentales y los principios éticos en el ámbito de salud y biotecnología, con exclusión de influencias dogmáticas y supersticiones.  Esto significa crear una ley de bioética que aborde aspectos como:

 Consentimiento informado: Garantizar que los pacientes estén plenamente informados sobre los procedimientos médicos, tratamientos y estudios en los que participan y que otorguen su consentimiento de manera libre y voluntaria.

 Protección de la privacidad y confidencialidad: Establecer medidas para proteger la privacidad y confidencialidad de la información médica y genética de los pacientes, así como regular el acceso a esta información por parte de terceros.

 Ética en la investigación: Establecer normas éticas para la realización de investigaciones biomédicas y biotecnológicas, incluyendo la protección de los derechos de los participantes y el uso responsable de animales de laboratorio.

 Acceso equitativo a la atención médica: Promover políticas que garanticen el acceso equitativo a la atención médica y los tratamientos, sin discriminación por motivos de origen étnico, género, orientación sexual, religión, etc.

 Regulación de la reproducción asistida: Establecer normativas que regulen la práctica de la reproducción asistida, protegiendo los derechos de los padres y los hijos nacidos mediante estas técnicas, así como abordar cuestiones éticas relacionadas con la manipulación genética y la selección de embriones.

 En resumen, la regulación de la bioética en Panamá debe equilibrar los avances científicos y tecnológicos en el campo de la salud, con el respeto a los valores éticos y los derechos humanos, garantizando así la protección de la dignidad y el bienestar de todas las personas.

 El uso de embriones en la ciencia, por ejemplo, es un tema éticamente complejo, que ha generado debates porque se trata de la vida, la dignidad humana y el progreso científico.  Algunas consideraciones clave son el origen de los embriones, los beneficios científicos de los embriones, y su estatus moral.

 El principal dilema ético radica en el estatus moral de los embriones.  Algunas personas consideran que los embriones tienen un estatus moral equivalente al de los seres humanos y por lo tanto, su destrucción o manipulación para la investigación es inaceptable.  Otros sostienen que los embriones en etapas tempranas de desarrollo no poseen las características que definen a un ser humano y que su uso ético está justificado si se lleva a cabo de manera responsable y con respeto a ciertos principios éticos, como el consentimiento informado de los donantes y la minimización del sufrimiento.

 La mayoría de los países ya tienen regulado legalmente el uso de embriones en la investigación científica.  Las normas varían ampliamente en términos de qué tipos de investigación son permitidos, las condiciones para obtener y utilizar embriones, y las salvaguardias éticas necesarias para proteger los derechos de los donantes y potenciales riesgos éticos.

 La posición de las iglesias sobre el uso de embriones para la investigación científica puede variar según las enseñanzas y las interpretaciones éticas de cada religión.  La Iglesia Católica, por ejemplo, sostiene una posición que valora la dignidad intrínseca de la vida humana desde el momento de la concepción.  Considera moralmente incorrecta la destrucción de embriones humanos, ya sea para la investigación científica o para otros propósitos, es considerada moralmente incorrecta según la enseñanza católica.  En su lugar, promueve la investigación que no implique la destrucción de embriones, como la investigación con células madre adultas.

 Las posturas de las iglesias protestantes pueden variar.  Algunas denominaciones protestantes pueden adoptar una postura similar a la católica, enfatizando la importancia de proteger la vida desde su inicio.  Otras pueden ser más permisivas con el uso de embriones en investigación, dependiendo de sus interpretaciones éticas y teológicas sobre cuándo comienza la vida humana y cuáles son los principios rectores en la investigación científica.

 Otras religiones, como el judaísmo y el islam, varían en sus posturas sobre el uso de embriones para la investigación científica.  Algunas ramas pueden tener enseñanzas que prohíben la destrucción de embriones, mientras que otras pueden permitir ciertas formas de investigación que consideren éticamente justificadas.

 Es importante destacar que estas posturas pueden evolucionar con el tiempo, a medida que avanza la comprensión científica, se desarrollan nuevos enfoques éticos, y avanzamos hacia un Estado verdaderamente laico.

Haydée Méndez Illueca, Ph.D.

Abogada y Escritora Feminista


PANORAMA ACTUAL DE LA LITERATURA

 

El Dr. Juan Camilo Salas Cardona, profesor y conocido conferencista internacional, me concedió el honor, el 20 de marzo, de hablar en la presentación de mi novela “Mariposas y Traiciones”, que versa sobre la trata de personas.  Su conferencia causó admiración entre los asistentes, porque no sólo se limitó a hablar sobre el libro, sino que fue más allá y habló sobre el panorama actual de la literatura latinoamericana y los lectores de la región.  Es importante y de interés conocer un poco de la historia de nuestra literatura y compartir algunas ideas y comentarios de la conferencia magistral del Dr. Salas.

 

La literatura latinoamericana es toda aquella literatura oral o escrita, en español y portugués y minoritariamente en lenguas indígenas de América.  Abarca las obras literarias de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay, y Venezuela.  Con frecuencia caracteriza la vida y costumbres de los pueblos iberoamericanos, dando importancia a los aspectos culturales y a cuestiones políticas y sociales de la región donde se desarrolla.

 

En Latinoamérica tenemos bajísimos niveles de lectura en todas las edades y estratos sociales, en comparación con otras latitudes.  Según el último informe del Instituto de Estadísticas de la Unesco, de los 630 millones de personas que viven en América Latina y el Caribe, unos 32 millones son analfabetas.  ¡Esto representa aproximadamente el 4% de la población analfabeta del mundo!  Esta situación se la debemos en buena medida a que la cultura de las pantallas ha desplazado la cultura de la lectura de libros impresos.  Las pantallas son imágenes o información que no generan procesos de desarrollo de habilidades cognitivas.  También se lo debemos a que los libros son entre un 30 y un 70% más costosos que en otros países y con más desconsideración a autores locales.

 

La falta de literatura genera gravísimas consecuencias sociales para nuestros países, como son: violencia, (especialmente contra mujeres, niños y minorías); volvernos fácil presa de populismos y manipulación (como lo que se vive actualmente en Panamá con la propaganda política); y retorno fatal a las dictaduras que creíamos superadas.  Mario Vargas Llosa nos comenta que “…una sociedad sin literatura, o en la que la literatura ha sido relegada, […] está condenada a barbarizarse espiritualmente y a comprometer su libertad”.  Vivimos en un mundo de un egoísmo pasmoso, en el que nos hemos insensibilizado frente al sufrimiento y a las necesidades de los demás.  Las narraciones son un auténtico llamado a la sensibilidad y a la solidaridad, ya que los datos objetivos de las ciencias y disciplinas no nos llevan a la empatía y solidaridad.  Desde pequeños la literatura nos abre la imaginación, no solamente a aventuras y relatos, sino también a una fuente de valores morales básicos y buenos sentimientos.

 

Antes de que los españoles llegaran a América, los indígenas no manejaban alfabetos fonéticos, sino que la comunicación era oral y visual a través de glifos (como, por ejemplo, los quipus incas).  La literatura escrita llegó con los conquistadores, pero la educación era restringida, limitada y altamente influenciada por la Iglesia católica.  La Corona española prohibió la exportación de obras de ficción —en particular, libros de caballería— hacia sus territorios americanos, permitiendo únicamente la circulación de obras religiosas.  Sin embargo, estas medidas no lograron impedir la difusión de libros de ficción en las provincias americanas y no se pudo contener la avalancha de literatura popular que recorrió las colonias durante todo el periodo de dominación española.

 

Con la llegada de las independencias se dio la necesidad de transmitir nuevos roles, y el siglo XX daría lugar al boom latinoamericano, que fue uno de los fenómenos que impulsaron la novela del realismo mágico, que se puede definir como la preocupación estilística y el interés en mostrar lo común y cotidiano como algo irreal o extraño, expresando emociones, no tratando de provocarlas.  El realismo mágico iberoamericano no solo contaminó otras literaturas, sino que creó la sensación de que la literatura latinoamericana era una sola, siempre idéntica y siempre reconocible.

 

El post boom en el siglo XXI se caracteriza por una tendencia hacia la ironía y el humor y un regreso a la escritura de crítica o protesta social.  Al contrario del boom, que era principalmente masculino, aquí entran en escena muchas mujeres: Isabel Allende, Laura Esquivel, Rosa Montero, Carmen Posadas, etc.

 

“Nada defiende mejor al ser viviente contra la estupidez de los prejuicios […] como esta comprobación incesante que aparece siempre en la gran literatura: la igualdad esencial de hombres y mujeres de todas las geografías y la injusticia que es establecer entre ellos formas de discriminación, sujeción o explotación.” (Mario Vargas Llosa).

EL DEBATE SOBRE LA PROSTITUCIÓN: ¿TRABAJO O EXPLOTACIÓN?

 

La prostitución es un tema que en la actualidad ha generado controversia y debate en todo el mundo.  Para algunos, es vista como una forma de trabajo, mientras que para otros es considerada como una forma de explotación.  Este debate se ve exacerbado por las diferentes posturas que adoptan los países en relación con la regulación de la prostitución y la penalización de la explotación sexual.

 

En muchos países, la prostitución es ilegal y se considera como una forma de explotación sexual.  Estos países han optado por penalizar tanto a los proxenetas como a los clientes que participan en transacciones sexuales, mientras que a la persona prostituida se le considera una víctima.  La lógica detrás de esta postura es que la prostitución perpetúa la desigualdad de género, la violencia contra las mujeres y la trata de personas.  Además, se argumenta que la legalización de la prostitución podría llevar a un aumento en la explotación de las personas más vulnerables, como las mujeres, niñas, niños e infantes.

 

Panamá es uno de los países donde se considera que la prostitución perpetúa la desigualdad de género y es una forma de violencia contra las mujeres y los menores.  La Ley 79 de 2011 sobre trata de personas y actividades conexas crea la Comisión Nacional contra la Trata de Personas (CNTP), adscrita al Ministerio de Seguridad; y tiene como objetivo prevenir, proteger y asistir a las víctimas y posibles víctimas de trata de personas, así como penalizar este delito y sus actividades conexas, fortaleciendo las políticas y acciones del Estado frente a estos hechos punibles.

 

Esta ley innovadora establece que la víctima sometida a prostitución no será detenida, acusada ni procesada por haber entrado o residir de manera irregular en el país, ni por haber participado en actividades ilícitas como víctima.  Además, se contempla su atención e indemnización por costos médicos, de transporte, o cualquier pérdida sufrida.  El consentimiento dado por la víctima no exime de la responsabilidad penal a los perpetradores.

 

Como “Actividades Conexas”, para efectos de esta ley, se entiende el embarazo forzado, transportistas y arrendatarios, poseedores y administradores de bienes muebles e inmuebles relacionados con la trata, el tráfico, la tenencia y comercialización de órganos, tejidos y fluidos humanos, así como los actos de pornografía y la producción de materiales pornográficos.  La sanción por incurrir en este delito es 15 a 20 años de prisión.  Si la víctima es menor de edad, es ejecutado por medio de engaño o violencia, o cometido por pariente cercano o tutor, o por un servidor público, la sanción es de 20 a 30 años de prisión.

 

El enfoque hacia la prostitución varía según las diferencias culturales y sociales de cada país.  Por ejemplo, en Alemania, Austria y los Países Bajos la prostitución no sólo es legal, sino que está regulada y se equipara con cualquier otro trabajo.  En vez de considerarlas víctimas de explotación o auto explotación sexual, las personas en situación de prostitución tienen acceso a derechos laborales básicos, como la protección laboral y la atención médica.  Los defensores de esta postura argumentan que la legalización y regulación de la prostitución pueden ayudar a proteger a estas personas de la explotación y la violencia, así como a reducir el estigma asociado con esta profesión.

 

Sin embargo, incluso en los países donde se regula la prostitución, persisten la explotación y el abuso dentro de la industria del sexo, ya que las leyes regulatorias no son lo suficientemente estrictas para proteger a las/los trabajadores sexuales de los proxenetas y los clientes abusivos y esto puede llevar a una mayor estigmatización de los y las trabajadoras sexuales y a su exclusión social.

 

La globalización ha llevado a un aumento en la migración y la trata de personas, lo que ha complicado aún más el debate sobre la prostitución, ya que muchas más personas son víctimas de tráfico humano y explotación.  En muchos casos, estas personas no tienen acceso a derechos laborales básicos y están sujetas a abusos y violencia por parte de los proxenetas y los clientes.

 

En resumen, el debate sobre la prostitución como trabajo versus explotación es complejo y multifacético, pero sólo hay dos caminos: el de la abolición o el de la regulación, con un común denominador que no podemos olvidar: la educación sexual, tan necesaria como olvidada en nuestro país.  Para abordar estos problemas de manera efectiva, es imperante enfocarlos de manera holística, para salvaguardar los derechos y la seguridad de las personas que se dediquen por elección propia a esta actividad, al tiempo que se abordan las causas subyacentes de la explotación sexual, como la desigualdad de género y la pobreza.

Haydée Méndez Illueca, Ph.D

(Publicado en "La Estrella de Panamá" el domingo 23 de junio de 2024)