(Publicado el domingo 3 de mayo de 2020 en La Estrella de
Panamá)
Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada Feminista y Escritora
Santo Tomás decía que “la fuerza activa en la semilla del
hombre tiende a la perfección, mientras que la producción de la mujer viene de
un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material y hasta de alguna influencia externa, como el viento sur, que es
húmedo.” También nos dice que Dios
previó que la mujer sería ocasión de pecado para el hombre, pero la creó para
que lo ayudara en la procreación. Según
él, la mujer por naturaleza tiene menos fuerza y menos dignidad que el hombre.
Desde allá nos vienen los estereotipos, que no sólo perjudican a las
mujeres, sino también a los hombres. Los
grandes descubrimientos, el avance científico y el dominio de la razón y de la
ética en el Siglo XV y finales del XVIII iluminaron esta oscuridad como un rayo
de luz. Luego, a principios del siglo
XX, con el descubrimiento de los cromosomas, se pudo determinar que no se
trataba de un viento sur, sino que la hembra de nuestra especie es el sexo
base, con dos cromosomas XX y que el sexo masculino es determinado por el
cromosoma Y: es el XY.
Estas creencias atávicas son el origen de la misoginia o
desprecio contra las mujeres, que caracteriza la ideología patriarcal y que aún
persiste en nuestros días. Esto ha
obligado a las Naciones Unidas a realizar convenciones internacionales para
proteger los derechos humanos de las mujeres, como la Convención para la
eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (mejor
conocida como la CEDAW) y la Convención Interamericana para prevenir, sancionar
y erradicar la violencia contra la mujer (mejor conocida como la Convención
Belem Do Para), que son leyes de la República de Panamá. En cumplimiento con las disposiciones de
estas convenciones, muchos países han promulgado leyes especiales contra la
violencia hacia las mujeres; en Panamá, es la Ley 82 de 2013, que previene y
sanciona la violencia contra las mujeres y tipifica el femicidio.
En su primer artículo, la Convención Belem Do Para define la
violencia contra la mujer como: “cualquier acción o conducta, basada en su
género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la
mujer, tanto en el ámbito público como en el privado. El siguiente artículo incluye la violencia
física, sexual y psicológica, en cualquier relación interpersonal, que tenga
lugar en la comunidad, sea perpetrada por cualquier persona y perpetrada o
tolerada por el Estado o sus agentes, dondequiera que ocurra. La Convención CEDAW en su artículo 1
establece que la “discriminación contra la mujer” es violencia.
Por otro lado, la Ley 82 de 2013 establece que se entenderá
por violencia contra las mujeres cualquier acción, omisión o práctica que ponga
a las mujeres en desventaja con respecto a los hombres, así como las amenazas
de tales actos, que incluye las perpetradas desde el Estado o por sus agentes,
la violencia política y la violencia simbólica, que consiste en mensajes que
transmiten estereotipos sexistas de dominación o agresión contra una mujer en
cualquier ámbito público o privado, incluyendo los medios de comunicación
social.
Las citadas disposiciones de estas convenciones
internacionales permiten analizar e interpretar el reciente incidente
protagonizado en la Asamblea Nacional, en el que un diputado agredió física y
verbalmente a una diputada. Esto no puede
ser ignorado, ni por la Comisión de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la
Familia de la Asamblea, ni por la propia Asamblea, ni por el partido al que
pertenece el diputado, ni por la Corte Suprema de Justicia, que es la
institución que tiene competencia para investigar y juzgar a los
diputados. Es obligación del Estado
cumplir con las convenciones internacionales, que son parte del bloque
constitucional y son ley de la República, para garantizar el respeto a la integridad
física y emocional, tanto de las mujeres como de todas las personas que se
encuentren en nuestro territorio.
Al diputado de marras se le señala que primero agredió a la
diputada con insultos y amenazas, utilizando un vocabulario soez que resulta irrepetible
y luego atacó físicamente a la diputada, tirándole una botella de agua a su
boca y su pecho. El diputado denunciado
ha querido excusar su comportamiento públicamente, diciendo que en una reunión
es “normal” que se den empujones y manotazos, porque cualquiera puede volverse “eufórico”,
“podemos chocarnos y manotearnos”.
Después dijo que la botella no había sido dirigida a la diputada. Todo pasó con el silencio cómplice de muchos
hombres presentes, incluso en presencia del diputado a quien el agresor le
rompió la cabeza y por el que ella intercedió.
Así lo dijo en sus declaraciones la diputada víctima de la violencia de
género, con excepción de cuatro diputados que manifestaron haber sido testigos
de los hechos denunciados por ésta.
Como es típico de las personas que no controlan sus impulsos
ni aceptan su responsabilidad y en vez de defenderse atacan a su víctima, el
diputado querelló a la diputada por simulación de hecho punible y por difamarlo
como maltratador y delincuente. Las
redes sociales también se activaron, revictimizando a la denunciante,
cuestionando su comportamiento y antecedentes y hasta mostrando un video de
cuando la diputada supuestamente era una niña de corta edad y le dio una
pataleta en un almacén. El resultado de
esta revictimización tiene un efecto disuasorio para que a las mujeres no se
nos ocurra denunciar la violencia ni participar en el ámbito político como
candidatas a puestos de elección. Nos
están enviando el mensaje que no deberíamos participar en política “porque ese
no es un lugar para mujeres”; que no debemos tener tanto carácter, “porque eso
no es propio de una dama”, etc. Todos
estos estereotipos son parte de la estrategia patriarcal para mantener a las
mujeres “en su sitio”.
Por el contrario, las redes no mencionan los antecedentes públicos
y notorios del agresor, que ya ha sido protagonista de varios escándalos por
conducta impropia y extremadamente indigna de un diputado.
En una reunión la discusión se gana con argumentos, no con
violencia. Como dice Sun Tzu en El arte de la guerra, un líder lidera
con el ejemplo, no por la fuerza. Los
apasionamientos irracionales terminan siendo ridiculizados.
Todavía hay un caso pendiente de otro diputado acusado de
violencia sexual que no ha sido resuelto.
Las mujeres exigimos que la Corte Suprema de Justicia actúe con
celeridad en todos los casos de violencia contra las mujeres; que se acabe la
impunidad de los agresores; y que la lucha de las mujeres por una vida libre de
violencia no haya sido en vano. Las mujeres
no somos seres defectuosos porque sopló “un viento sur, que es húmedo”. Somos mujeres por derecho propio.