domingo, 29 de noviembre de 2020

LA UNIÓN FAMILIAR

 

(Publicado el domingo 8 de noviembre 2020 en La Estrella)

 

Haydée Méndez Illueca, PhD

Abogada, Defensora de Derechos Humanos

 

He notado que en el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo no ha surgido todavía la figura de lo que yo llamaría “Unión Familiar” de hecho y de derecho.  Como sabemos, hay muchos tipos diferentes de familia y el menos común (por lo menos en Panamá), resulta ser la familiar nuclear, formada por padre, madre e hijos, ya que el 85% de los niños panameños nacen fuera del matrimonio.  Pero hay un tipo de familia que no ha sido considerada legalmente: la familia formada por dos o más personas que no son parejas sexuales, sino que viven bajo el mismo techo y comparten gastos, se protegen y se cuidan mutuamente, pero que, a pesar de ello, tampoco tienen derechos de conjugues.

 

Estas familias pueden estar conformadas por dos amigas viudas de escasos recursos económicos que deciden vivir juntas porque no tienen más familiares o los familiares se desentienden de sus necesidades; por una persona homosexual, que por la razón que sea, vive con una persona heterosexual; tres amigos heterosexuales que deciden compartir un hogar; una persona anciana abandonada por sus parientes que es recogida por una amiga; etc.  Casualmente, sé de un caso de un pintor homosexual repudiado por sus parientes más cercanos, que vivía en un pueblo del interior.  Una familia con quien no tenía ningún parentesco lo alimentaba y cuidaba de él.  Fue trasladado a un hospital de la capital y un miembro de esa familia viajó con él y lo cuidó hasta su muerte.  Apenas sus verdaderos parientes supieron que había muerto, entraron arbitrariamente a su atelier y se llevaron sus pocas pertenencias y todas sus pinturas, que vendieron a muy buen precio.  ¿Creen ustedes que esto es justo?  Creo que las familias formadas por parejas o grupos de personas donde no haya un componente sexual ni parentesco también merecen una figura legal o la condición de unión familiar de hecho, que les dé derecho a heredar una propiedad en sucesión intestada, derechos migratorios si es extranjero o extranjera, decidir en cuestiones de salud y bioética sobre la otra persona, unir ingresos para formar el patrimonio familiar, tener seguro social como dependientes, visitas médicas, titulación conjunta, nacionalidad o permisos de residencia, derecho a pensión, inclusión en las limitaciones para testificar ante un tribunal por ser familia, leyes de derechos de familia, etc.  Incluso también derecho a adoptar --- ¿por qué no?  La unión de hecho tendría que probarse cumpliendo con los requisitos que se establezcan por ley y si existe como figura legal, podría ser declarada por un juez.

 

En cuanto a la denominación que se le dé a la unión de parejas homosexuales donde sí existe un componente sexual, sea matrimonio homosexual, matrimonio igualitario, o unión civil, para mí lo importante es la protección que debe brindar el Estado a todos por igual y que se le reconozcan los mismos derechos que tienen las parejas heterosexuales, porque son derechos de la persona humana.  Los homosexuales insisten en que ninguna institución es dueña de la palabra matrimonio. Lo que pasa es que la Iglesia Católica se apega a la palabra porque ha sacralizado el “matrimonio” entre un hombre y una mujer, pero ya vemos que no es tan sagrado, porque casi que existen más divorcios que matrimonios entre católicos.  Todos optan por la unión civil con otra persona después de divorciados, o simplemente no se casan y viven juntos.

Junto con Europa, América es uno de los dos continentes más permisivos con respecto al matrimonio igualitario.  Esto quiere decir que Panamá está atrasada en su legislación.  Las uniones del mismo sexo en América son reconocidas en diez de los 35 estados soberanos que conforman el continente: 8 países a nivel nacional a través del matrimonio igualitario (Argentina, Brasil, Canadá, nuestros vecinos Colombia y Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos y Uruguay).  En Chile, mediante la unión civil.  En México en algunos estados.  En Europa son reconocidas en Holanda, Nueva Zelanda, Bélgica, España, Noruega, Suecia, Portugal, Islandia, Dinamarca, Alemania, Finlandia, República Checa y Suiza.

A diferencia de la opinión del exmagistrado Díaz, la Corte Europea no ha declarado que el matrimonio igualitario está prohibido, sino que es elección de cada Estado.  De todas formas, Panamá no forma parte de la Corte Europea, sino de la CIDH.  Las declaraciones del Papa Francisco también han creado un revuelo entre los conservadores, que insisten en que “no dijo lo que dijo, sino lo que dicen algunos que creen que dijo”, como pasa con las declaraciones de los políticos.  Lo cierto es que la opinión del Papa tampoco puede imponerse erga omnes, sino sólo orientar a sus fieles.  Por eso es tan importante guardar la separación entre Estado e Iglesia.

MUJERES DEL ALMA MÍA

(Publicado el domingo 29 de noviembre de 2020 en La Estrella de Panamá)

 

Haydée Méndez Illueca, PhD

Abogada y Defensora de Derechos Humanos

 

La más reciente obra de mi escritora favorita, Isabel Allende, Mujeres del Alma Mía, cuyo subtítulo es “Sobre el amor impaciente, la vida larga y las brujas buenas”, resulta ser un canto al feminismo y una crítica al patriarcado, cuyo fin pareciera que no llega nunca.  Es un libro corto, casi autobiográfico, de lectura obligada para todas las mujeres (y hombres) que creen en la libertad, la sororidad (solidaridad en el caso de los hombres) y el respeto y la justicia, valores que a veces nos parece que van camino a la extinción---hasta que aparece en nuestro camino un libro como este y nos renueva la esperanza, siempre latente.

 

Isabel nos cuenta que fue feminista desde el kindergarten, antes de que el concepto se conociera en su familia.  Su madre fue abandonada en el Perú con “dos niños en pañales y un recién nacido en los brazos”.  La familia se refugió en casa de los abuelos en Chile, donde Isabel pasó sus primeros años, en una casona señorial que describe como desordenada y llena de empleadas domésticas, niños, perros y gatos.  Su enojo contra el machismo comenzó al ver a las mujeres de la época como víctimas subordinadas, sin recursos, sin voz y dominadas por las convenciones; situación que cambió para ella, porque pertenece a la generación del feminismo, con oportunidades que la generación anterior no tuvo.

 

En Chile, como en Panamá y la mayoría de los países de nuestra región, el pilar de la familia y la comunidad es la mujer.  Los padres van y vienen, sin acordarse más de los hijos.  Las mujeres se hacen cargo de los propios y de los ajenos cuando es necesario: son fuertes y organizadas.  Sin embargo, todavía hay diputados, curas y gobernantes que se creen con derecho a decidir sobre el cuerpo de la mujer, a negarle el derecho a la salud sexual y reproductiva, a prohibirle los anticonceptivos y el aborto hasta en situaciones extremas.  Los hombres controlan el poder político y económico, proclaman las leyes y las aplican a su antojo y en caso de que eso no sea suficiente, interviene la Iglesia con su consuetudinario sello patriarcal.  Recuerdo que, con su característico sentido del humor, en un discurso que dio hace unos años Isabel Allende describió a los curas conservadores como “ancianos seniles que nunca han mantenido una familia y además, usan polleras para trabajar, afirmando que no deberían tener derecho a opinar.

 

Las mujeres del alma son su madre, su hija Paula, que murió y su editora y mejor amiga, de Barcelona, Carmen Balcells, también difunta, pero la autora nos habla de las mujeres todas, que somos vulnerables mientras estamos solas, pero que florecemos si estamos juntas.  Necesitamos estar conectadas y desde el comienzo de los tiempos nos hemos juntado.  Ante una amenaza, la reacción masculina es huir o luchar (adrenalina y testosterona); mientras que la femenina es formar un círculo y poner a las crías en el centro (oxitocina y estrógeno).

 

A pesar de que las mujeres hemos tenido que actuar como damas, pensar como hombres, vernos bellas, trabajar como un caballo, aprender las tácticas masculinas y competir para lograr la emancipación y seguir luchando contra el patriarcado, éste sigue siendo el sistema operante de opresión, que exige obediencia y castiga a quien se atreva a desafiarlo.  El feminismo suele asustar, porque parece muy radical o se interpreta como odio al hombre, pero Isabel lo define como una postura filosófica y una sublevación contra la autoridad del hombre, una forma de entender las relaciones humanas y apostar por la justicia, “luchar por todos los oprimidos por el sistema”.  Se puede ser feminista y ser femenina (que en el idioma patriarcal quiere decir actuar como una dama y verse bella, sin dejar de trabajar como un caballo).

 

Los hombres son los que determinan la tradición, la costumbre y la cultura (lo que muchos denominan “la moral”, que es una palabra que prefiero no usar).  Y menos “la moral cristiana”, ya que hay muchas morales.  Las mujeres somos las que sufrimos el impacto del tráfico humano, la guerra, la pobreza y el abuso contra los derechos humanos.  Nos llaman radicales, porque como dice Isabel, no hay feminismo sin bulla.  Hay que hacer bulla para cuestionar conceptos sagrados que no tienen sentido.  Por eso Isabel ha formado su grupo: las Hermanas del Perpetuo Desorden, un círculo de amigas que forman un grupo de oración, que de rezos, nada.  Me recuerda el grupo al que pertenezco, que se llama “Las brujas”.  Pero ser bruja no es nada fácil, hay que tener estilo, talento, glamour y personalidad --- e Isabel lo tiene todo.