“Al César lo que es del César, y a
Dios lo que es de Dios”, dijo el Maestro, cuando le preguntaron los judíos si
tenían que pagarle impuestos a los romanos.
Lo que quería decir es que todos tenemos que cumplir las leyes que nos
obligan, no importa qué religión profesemos.
Nuestras creencias y nuestros libros sagrados nunca están por encima de
la Constitución y las leyes de nuestro país.
Los funcionarios públicos, menos que nadie, pueden expresar que su
religión es la verdadera y que es buena para todo Panamá, ya que sólo pueden
hacer lo que la ley les permite y, de lo contrario, estarían incurriendo en un
delito. Esto es lo que ha pasado con la
nueva versión de las Guías de Educación Integral en Sexualidad del MEDUCA,
elaboradas y consultadas con actores religiosos, que no son idóneos y no tienen
la preparación científica ni pedagógica requerida para cumplir con el objetivo
deseado, que es reducir embarazos precoces y enfermedades de transmisión
sexual.
Cuando los grupos fundamentalistas y las iglesias
conservadoras comenzaron a presionar en contra de la ley integral de salud
sexual y reproductiva y organizaron la campaña “Con mis hijos no te metas”, se
llegó a la conclusión de que en realidad no era necesario promulgar una ley
especial, ya que estaban vigentes varias normas que obligaban al MEDUCA a la
educación sexual. El Ministerio
de Educación solicitó apoyo técnico al Fondo de Población de las Naciones
Unidas y desde 2015 se trabajó en la elaboración de unas Guías sobre Educación
Integral para la Sexualidad con la finalidad de incluirlas en el currículo
escolar. Con estas guías se buscaba
brindar las herramientas necesarias a los docentes para que desde diferentes
asignaturas se tratara el tema con los niños, niñas y adolescentes. Los
contenidos de estas guías fueron seleccionados, desarrollados y validados técnicamente
por una Comisión Interinstitucional y Multidisciplinaria formada principalmente
por MEDUCA, MINSA, INAMU y ONGs.
El contenido de estas guías promovía los derechos humanos, el empoderamiento, la no discriminación, los roles
y la igualdad de género, el comportamiento de rechazo al abuso sexual, la
violencia por razón de género y las prácticas nocivas, pero estas guías
científicas fueron descartadas por el gobierno del Presidente Varela debido,
seguramente, a sus creencias y sobre todo al costo político que tenía que
enfrentar.
El Ministerio de Educación de este gobierno, en vista de que
la situación no sólo no ha cambiado, sino que ha empeorado, debió retomar las
guías que ya estaban elaboradas. No
obstante, imponiendo las creencias de los funcionarios públicos encargados, ha
convocado a la Alianza Nacional por la Vida y la Familia, a los colegios
católicos y la Asociación Cristiana (todos grupos religiosos que desde el
inicio se han opuesto a la educación sexual), para que revisen las nuevas
guías. No se han convocado a las
asociaciones feministas, ni a APLAFA, ni a médicos sexólogos, ni pedagogos, que
tienen el conocimiento y la experiencia en educación integral en sexualidad.
Del análisis de estas nuevas guías se llega a la conclusión
de que no son adecuadas para prevenir embarazos precoces, proteger a
adolescentes de enfermedades de transmisión sexual, ni informan a los
estudiantes, acudientes y docentes sobre sus derechos y deberes. No reconocen el derecho a recibir información
ética y científica, clara, comprensible y completa sobre los métodos de
planificación familiar y de prevención de infecciones de transmisión sexual,
incluyendo el VIH/SIDA y a tener acceso a servicios de consejería y orientación
sobre todos los métodos disponibles, incluyendo los métodos naturales, ni se abordan
temas como la importancia de denunciar, ni que la víctima tiene derecho a solicitar
la píldora del día siguiente y el tratamiento retroviral contra el HIV SIDA,
derecho a la interrupción del embarazo, etc.
No se habla sobre la responsabilidad de los adolescentes varones, sino
únicamente del deber de las niñas de criar al producto de la violación y de sus
madres de ayudarlas y apoyarlas, cuando es notorio que el 85% de las familias
panameñas no son familias nucleares.
Lo recomendable, entonces, es que se retomen las guías
originales con miras a lograr el objetivo social propuesto.
Haydée Méndez Illueca
Abogada y Defensora de Derechos Humanos