domingo, 25 de junio de 2017

Algo salió mal


Por Jorge Majfud

Escritor uruguayo, profesor en Jacksonville University, College of Arts and Sciences, Division of Humanities.






La Teoría de la Evolución de Darwin es increíblemente efectiva para explicar el desarrollo de los fenómenos biológicos hasta en los diseños más complejos de la naturaleza, como el ojo falso en la cola de un pez, o las franjas estampadas en la piel de las cebras para confundir la mirada de sus depredadores, etc. Su complejidad tiene un principio extremadamente simple: no hay nada que hasta el más azaroso método de prueba y error con algunos millones de ocurrencias no pueda corregir y adaptar.

Antes de Darwin, Adam Smith había sentado las bases del liberalismo económico según la cual cada individuo, al perseguir su propio beneficio, inevitablemente conduce a un “equilibrio natural” y al “bienestar general”. El éxito de los mercaderes parecía confirmarlo: a lo largo de la historia, fueron ellos agentes relevantes, no sólo en el intercambio de bienes sino también en el intercambio de cultura y de conocimiento.

La exitosa (y maldita, para los creyentes de Noé) Teoría de la Evolución de Darwin ha sido actualizada varias veces, por ejemplo, para explicar el hecho de que un individuo se sacrifique en beneficio del grupo o de la especie. Un pájaro que con su canto alerta a sus iguales es presa fácil de un depredador, pero con su sacrificio el individuo salva al grupo. Distintas particularidades intelectuales en los seres humanos (como un estado de alerta patológico en algunas personas) se pueden explicar como un perjuicio para el individuo en beneficio para la especie, al menos en tiempos pasados.

En casi todas las sociedades contemporáneas, el “menos apto” sobrevive gracias a la solidaridad y la compasión del grupo. Tal vez el bullying es un resabio de tiempos prehistóricos cuando el grupo entendía que los débiles eran una carga inconveniente, pero hoy la cultura y la sensibilidad moral han revertido esa práctica a fuerza de educación en nuevos valores. La eterna disputa dialéctica entre el Poder y la Justicia (entre las posibilidades del beneficio del individuo y las del beneficio del grupo) se ha balanceado en favor de esta última. La disputa práctica, en cambio, parece definirse otra vez por el Poder, por la imposición de los más fuertes, no sin primero secuestrar la dialéctica de sus adversarios, aquellos que luchan por la justicia, generalmente una dialéctica igualitaria en favor del grupo. Para verlo, basta con echar una mirada al poder económico y militar acumulado por el uno por ciento de la población del mundo, lo cual, en principio, está en consonancia con la teoría y justificación moral de “la sobrevivencia del más apto”, que tanto sedujo a la Europa imperial del siglo XIX, a los estadounidenses del siglo XX y a los ricos y poderosos de todos los siglos.

Por el contrario, el hecho de que los menos aptos, los más pobres, se reproduzcan más que los más aptos, lo más ricos, parecería indicar que la cultura contradice el principio evolucionista de la “sobrevivencia del más apto”. Entonces, ¿los valores morales confirman o contradicen la Teoría de la Evolución?

Lo más probable es lo primero. La moral, la cultura y la educación pueden significar la supresión o limitación de la violencia del más fuerte (del más apto) contra el resto del grupo, contra el resto de la especie. Es decir, la Justicia no es una contradicción de los principios básicos de la Evolución darwiniana sino uno de sus elementos necesarios para la sobrevivencia del grupo.

En contraposición con todo lo planteado anteriormente, llegamos, finalmente, a un posible elemento de contradicción, de quiebre o a una patología terminal, como puede serlo el cáncer en la lógica de un cuerpo sano. La historia reciente de la humanidad, parece mostrar una seria y crítica excepción a la lógica de la evolución. No son las sociedades más pobres, los países menos desarrollados los que están amenazando la existencia de la especie en la faz de la Tierra sino los más poderosos, “los más aptos”.

Este peligro no sólo radica en la mayor potencia de destrucción militar de los países más poderosos sino en sus capacidades de destrucción del medio ambiente. Son los más aptos (los más fuertes, los más ricos, los ganadores) los más capacitados para poner en peligro la existencia de la especie humana. Peligro que ha dejado de ser una potencialidad y comienza a concretarse.

Es posible que la inteligencia humana (al menos aquella al servicio del poder) sea una anormalidad cancerosa de nuestra especie, si consideramos que los tiburones y las hormigas han estado en este planeta millones de años antes que nosotros. En apenas unos pocos miles de años y, sobre todo como consecuencia de los últimos siglos, la especie humana se ha acercado peligrosamente, como nunca antes, a la extinción por suicidio propio.

No obstante, si es la inteligencia la enfermedad de nuestra especie, es también la conciencia la cura y el recurso de nuestra evolución. En el triunfo de una de ellas nos jugamos nuestro futuro en este planeta y, probablemente, nuestra existencia en este Universo.

miércoles, 7 de junio de 2017

Sobre el Matrimonio Igualitario




Haydée Méndez



Sabias son las palabras de Berta Alicia Peralta cuando dice: “La verdad, pienso que no hay que alterarse tanto por aquello del matrimonio igualitario.  Se va a dar, tarde o temprano.   Hubo un tiempo en que no se permitían hijos fuera del matrimonio, eran ilegítimos.  Tampoco se admitía el divorcio.  En otras latitudes, incluso estaban prohibidos los matrimonios inter-raciales.  Todo ello fue cuestión de tiempo.  La condición humana termina por nivelarlo todo.  Igual ocurre con el consumo de la marihuana.  Será permitido legalmente, pues cada día hay más evidencia de la necesidad de su uso.  La iglesia y religiones tienen tal poder con los fanáticos, que siempre se han opuesto a todo eso y...finalmente, la vida los ha rebasado.”



El Derecho tiene que cambiar con los tiempos, no puede ser un obstáculo para el cambio social, sino más bien buscarle soluciones prácticas a los problemas sociales.  En Holanda, por falta de delincuentes, han tenido que cerrar 19 prisiones y algunas las han convertido en hoteles de lujo.  Uno de los motivos es que se han legalizado las drogas y se trata su adicción, porque de nada sirve encerrarlos, cuando lo que necesitan es tratamiento.  Me imagino que otro motivo es que allá no se aceptan los fanatismos religiosos.  Simplemente se cumplen las leyes. 



La Conferencia Episcopal panameña se ha atrevido a escribir un comunicado en contra del matrimonio o unión legal entre personas de igual sexo, que ha sido muy bien contestado por la Asociación de Agnósticos y Ateos de Panamá (AAP), rechazando cualquier intromisión de la Iglesia en asuntos de derechos civiles, humanos, políticas públicas o asuntos de Estado:

·         Reafirman que el Estado debe salvaguardar los derechos de todas y todos por igual, sean o no creyentes.

·         Que la Constitución prohíbe la discriminación de todo tipo.

·         Que las leyes evolucionan y deben cambiar a la par de la sociedad y deben predominar las normas que más beneficien al ser humano, sin distingo de orientación sexual o género.

·         Que existen todo tipo de familias y lo que atenta contra la familia no es la homosexualidad, sino la violencia, la irresponsabilidad, el alcoholismo, la drogadicción, etc.

·         Finalmente, que la procreación no es un requisito del matrimonio, como lo era en la edad media.



Yo diría que lo más importante es que se respete la separación de la Iglesia y el Estado, lo que es una conquista de la humanidad.  Hace ya más de dos mil años que Jesús evidenció que tenía en claro que entre lo religioso y lo humano, sólo lo humano es intocable y fundamental.  Su tolerancia llegó a escandalizar a muchos; resulta asombroso ver lo tolerante que fue Jesús con las personas y grupos marginados de su tiempo: pecadores, mujeres, cobradores de impuestos, samaritanos, prostitutas, homosexuales.  Hasta llegó a comer con ellos.  Incluso dijo: “Todo el que le diga a su hermano «maricón» será condenado por el Sanedrín”.



A veces por salvar los dogmas de la religión hemos vulnerado los derechos humanos.  Por defender un dogma hemos quemado al hereje.  Por cuidar la moral hemos despreciado al homosexual.  Por preservar una ética, hemos apedreado a la adúltera.



La tolerancia puede tener sus peligros, ya que puede hacer creer que todo vale y que todo está bien, pero más peligroso es discriminar contra una persona por motivos religiosos, ya que con ello se justifica un sectarismo que convierte la vida en opresiva, despótica e injusta. Y esto hace más daño que cualquier idea religiosa desviada.  Sin libertad ni igualdad no puede haber democracia.  Es imposible una relación normal entre la Iglesia y la democracia y los derechos humanos, porque el “sentimiento religioso” equivale al “sometimiento” a la jerarquía religiosa y a los dogmas medievales que permanecen.  Y sin libertad ni igualdad no puede haber democracia.  Si la Iglesia quiere vivir en nuestro tiempo, y no en la edad media, tiene que permitir la democracia dentro de su propio seno.



Uno de los argumentos que más usan los fanáticos religiosos y moralistas conyra el matrimonio igualitario es que el homosexualismo atenta contra “la familia” --- pero por más que le doy vuelta y trato de entender sus argumentos, no llego a comprender en qué forma lo hace.  ¿Qué afectación puede tener una unión homosexual legalizada sobre otra familia?  ¿Será esto producto del miedo a que sus hijos se conviertan en homosexuales, o será una forma de encubrir su propia orientación sexual?  Es un hecho que el homosexualismo se nace.  Aproximadamente el 10% de la población es homosexual y también hay homosexualismo entre ciertos animales.  ¿En qué forma afecta a su familia lo que sucede en la recámara ajena?  La relación homosexual va a continuar, legalizada o no.  La legalización se pide simplemente para acceder a ciertos derechos que actualmente no tienen esas parejas, pero la pareja va a seguir siendo pareja, si tienen una relación estable, y su familia va a seguir siendo una familia heterosexual.  Ningún dogma religioso va a cambiar esa realidad.