Edwin Álvarez, que se autodenomina
un “apóstol”, ha salido en público por las redes a despotricar contra el
divorcio, contra la independencia y los derechos humanos de las mujeres y a
afirmar que lo que no es “bíblico” es malo.
En otras palabras, que la biblia y sus creencias están por encima de las
leyes y la Constitución. Según él, San
Pablo ha sentenciado que las mujeres están sometidas por causa de los
ángeles. A la mujer empoderada la llama
“leona” o “tigresa” y está en contra de los congresos que instan a la mujer a
luchar por sus derechos.
Su diatriba se remonta a mucho
antes de la edad media y nos recuerda la época de la Grecia antigua y sus
filósofos, cuando Aristóteles traslada la capacidad engendradora totalmente al
varón y a la madre la reduce al papel de incubadora donde se desarrolla un ser
nacido del padre. La mujer no era más
que “un macho mutilado” un ser inacabado, el “sexus imbecillus”, como añadirá
más tarde San Isidro de Sevilla. La
opinión de Tucídides era que “…(la mujer) es más peligrosa que las olas del mar
embravecido, más que el ardor de las llamas y que el torrente que cae de las
montañas en olas impetuosas. Si es un
dios quien inventó a la mujer, sepa que ha sido artífice inconsciente del mayor
de los males.”
El “pecado” del apóstol no se
limita a una opinión sin consecuencias, sino que desestima la evolución de la
humanidad desde tiempos primitivos y se vale de un medio masivo de comunicación
para denigrar, injuriar y despreciar al sexo opuesto. Al oírlo, me viene a la mente el dicho “Dime
de qué te jactas y te diré de qué careces”.
Comenzando por la Constitución, que
establece que no habrá discriminación por razón de sexo (artículo 19) y los
convenios internacionales sobre Derechos Humanos, que tienen jerarquía
Constitucional, el autodenominado apóstol ha violado, además, otras normas en
blanco y negro de nuestra legislación que priman muy por encima de la biblia y
los ángeles a que se refiere San Pablo.
El apóstol ha ejercido violencia
mediática contra las mujeres, que define la Ley 82/2013 como “aquella difusión
de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de
comunicación que, directa o indirectamente, promueva la explotación de mujeres
o sus imágenes, injurie, difame, deshonre, humille o atente contra la dignidad
de las mujeres, (…) legitimando la desigualdad de trato o que construya
patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de
violencia contra las mujeres.” Esta
violencia resulta agravada por el hecho de que, desde su posición como pastor
religioso, ejerce un temor reverencial en sus fieles, quienes pueden tener
temor a desagradarlo porque le deben respeto y sumisión.
Cualquier acto o mensaje que incite
a cometer delito en contra de una mujer también viola el artículo 398 del
Código Penal sobre Apología del Delito, que establece que quien públicamente
incite a cometer delito será sancionado con prisión de uno a tres años o su
equivalente en días-multa o arresto de fines de semana. Demás está decir que hablar contra el
divorcio equivale a justificar el maltrato contra una mujer e instarla a
mantenerse casada con un hombre que la maltrata y que puede llegar a matarla.
Según los artículos 440 y 441 del
Código Penal, se cometen delitos contra la humanidad cuando se somete a un
grupo a condiciones que pongan en peligro su vida o perturben gravemente la
salud o se imponen medidas que impidan el género de vida de ese grupo. También comete delito el que ejerce una
persecución ilícita contra una colectividad por motivos de género.
Tenemos también la Ley 7 de 2018,
que previene, prohíbe y sanciona todo acto discriminatorio (aunque los
diputados fundamentalistas se negaron a prohibir la discriminación por
orientación sexual, favoritismo y acoso callejero). Esta ley prohíbe el sexismo, que define como
“la actitud o acción que subvalora, excluye, sobrepresenta y estereotipa a las
personas por su sexo” y dice que éste “Contribuye a la creencia de que las funciones
y roles diferentes asignados a hombres y mujeres son consecuencia de un orden
natural, inherentes a las personas por el solo hecho de haber nacido de sexo
masculino o femenino.”
Estamos, entonces, ante una opinión
vertida en un medio masivo de comunicación, que necesariamente tiene graves
consecuencias para más de la mitad de la población, que está conformada por
personas del género femenino. Se trata
de un intento de revertir los logros del movimiento feminista y se convierte en
violencia, bajo la lupa de las legislaciones de casi todos los Estados
occidentales en este 2023 del Siglo 21.
Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada y Defensora de Derechos
Humanos