domingo, 7 de enero de 2024

LOS PECADOS DEL "APÓSTOL"

 

Edwin Álvarez, que se autodenomina un “apóstol”, ha salido en público por las redes a despotricar contra el divorcio, contra la independencia y los derechos humanos de las mujeres y a afirmar que lo que no es “bíblico” es malo.  En otras palabras, que la biblia y sus creencias están por encima de las leyes y la Constitución.  Según él, San Pablo ha sentenciado que las mujeres están sometidas por causa de los ángeles.  A la mujer empoderada la llama “leona” o “tigresa” y está en contra de los congresos que instan a la mujer a luchar por sus derechos.

 

Su diatriba se remonta a mucho antes de la edad media y nos recuerda la época de la Grecia antigua y sus filósofos, cuando Aristóteles traslada la capacidad engendradora totalmente al varón y a la madre la reduce al papel de incubadora donde se desarrolla un ser nacido del padre.  La mujer no era más que “un macho mutilado” un ser inacabado, el “sexus imbecillus”, como añadirá más tarde San Isidro de Sevilla.  La opinión de Tucídides era que “…(la mujer) es más peligrosa que las olas del mar embravecido, más que el ardor de las llamas y que el torrente que cae de las montañas en olas impetuosas.  Si es un dios quien inventó a la mujer, sepa que ha sido artífice inconsciente del mayor de los males.”

 

El “pecado” del apóstol no se limita a una opinión sin consecuencias, sino que desestima la evolución de la humanidad desde tiempos primitivos y se vale de un medio masivo de comunicación para denigrar, injuriar y despreciar al sexo opuesto.  Al oírlo, me viene a la mente el dicho “Dime de qué te jactas y te diré de qué careces”. 

 

Comenzando por la Constitución, que establece que no habrá discriminación por razón de sexo (artículo 19) y los convenios internacionales sobre Derechos Humanos, que tienen jerarquía Constitucional, el autodenominado apóstol ha violado, además, otras normas en blanco y negro de nuestra legislación que priman muy por encima de la biblia y los ángeles a que se refiere San Pablo.

 

El apóstol ha ejercido violencia mediática contra las mujeres, que define la Ley 82/2013 como “aquella difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación que, directa o indirectamente, promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, (…) legitimando la desigualdad de trato o que construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.”  Esta violencia resulta agravada por el hecho de que, desde su posición como pastor religioso, ejerce un temor reverencial en sus fieles, quienes pueden tener temor a desagradarlo porque le deben respeto y sumisión.

 

Cualquier acto o mensaje que incite a cometer delito en contra de una mujer también viola el artículo 398 del Código Penal sobre Apología del Delito, que establece que quien públicamente incite a cometer delito será sancionado con prisión de uno a tres años o su equivalente en días-multa o arresto de fines de semana.  Demás está decir que hablar contra el divorcio equivale a justificar el maltrato contra una mujer e instarla a mantenerse casada con un hombre que la maltrata y que puede llegar a matarla.

 

Según los artículos 440 y 441 del Código Penal, se cometen delitos contra la humanidad cuando se somete a un grupo a condiciones que pongan en peligro su vida o perturben gravemente la salud o se imponen medidas que impidan el género de vida de ese grupo.  También comete delito el que ejerce una persecución ilícita contra una colectividad por motivos de género.

 

Tenemos también la Ley 7 de 2018, que previene, prohíbe y sanciona todo acto discriminatorio (aunque los diputados fundamentalistas se negaron a prohibir la discriminación por orientación sexual, favoritismo y acoso callejero).  Esta ley prohíbe el sexismo, que define como “la actitud o acción que subvalora, excluye, sobrepresenta y estereotipa a las personas por su sexo” y dice que éste “Contribuye a la creencia de que las funciones y roles diferentes asignados a hombres y mujeres son consecuencia de un orden natural, inherentes a las personas por el solo hecho de haber nacido de sexo masculino o femenino.”

 

Estamos, entonces, ante una opinión vertida en un medio masivo de comunicación, que necesariamente tiene graves consecuencias para más de la mitad de la población, que está conformada por personas del género femenino.  Se trata de un intento de revertir los logros del movimiento feminista y se convierte en violencia, bajo la lupa de las legislaciones de casi todos los Estados occidentales en este 2023 del Siglo 21.

 

Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada y Defensora de Derechos Humanos

VIVA LA DIFERENCIA

 

Durante años, los científicos se han esforzado en desentrañar las diferencias a nivel cognitivo entre hombres y mujeres, en un debate que se ha transformado, con el advenimiento de movimientos sociales como el feminismo y el nacimiento de disciplinas como los estudios de género.  En los últimos 15 años ha habido un cambio radical, por las nuevas tecnologías, que han generado evidencia de que existen diferencias inherentes en cómo están conectados los cerebros de hombres y mujeres y cómo funcionan.  Es importante abordar este tema con sensibilidad y reconocer que las diferencias cognitivas entre hombres y mujeres son, en gran medida, pequeñas y rodeadas de variabilidad individual.  Además, estas diferencias no determinan las habilidades o capacidades de una persona.  Se pueden hacer observaciones generales basadas en investigaciones, pero es importante recordar que existen muchas excepciones y superposiciones.

 

Nuestras diferencias no significan que un sexo u otro sea mejor, más inteligente o más merecedor.  Algunos investigadores han sido acusados de "neurosexismo" por caer en estereotipos o ser demasiado rápidos para interpretar las diferencias biológicas del sexo humano como más importantes que las culturales.  Sin embargo, la investigación con animales, las encuestas transculturales, los experimentos naturales y los estudios de imágenes cerebrales, demuestran diferencias cerebrales reales, aunque no siempre trascendentales, que pueden contribuir a las diferencias en el comportamiento y la cognición.

 

Este tipo de resultados nos ayuda a clarificar las diferencias que existen en habilidades cognitivas entre los diversos géneros, y pueden abrir la puerta a explorar una de las cuestiones más controvertidas en este ámbito: si su origen es biológico o producto de las diferencias en la socialización de los individuos en función del género asignado al nacer.

 

Una de las que clásicamente se suele mencionar es la supuesta diferencia en las habilidades verbales entre hombres y mujeres.  Las mujeres tienden a tener un léxico más amplio y a ser más hábiles en tareas verbales, como la lectura y la escritura.  Sin embargo, estas diferencias son pequeñas y no se traducen en una superioridad general en la inteligencia verbal.  Más allá de su relevancia en determinados debates de carácter socio-político, esto puede tener relevancia en el entorno clínico.  Las habilidades verbales son importantes en procesos diagnósticos como el de la demencia o el deterioro cognitivo y esta información resulta útil para el diagnóstico de enfermedades.  Por ello, tener en cuenta que las mujeres suelen generalmente tener un mayor rendimiento en este parámetro que los hombres, puede servir para reconocer una enfermedad concreta en una proporción relativamente importante de pacientes.

 

Las diferencias en el rendimiento académico entre hombres y mujeres son mínimas.  Sin embargo, en promedio, las mujeres tienden a sobresalir en habilidades verbales y la lectura, mientras que los hombres tienden a destacar en matemáticas y ciencias.  Estas tendencias son estadísticas y no se aplican a todos los individuos.

 

Los hombres, en promedio, tienden a destacar en tareas visoespaciales, como la rotación mental de objetos.  Esto podría influir en el desempeño en áreas como las matemáticas y la ingeniería.  Algunas investigaciones sugieren que las mujeres pueden tener una ventaja en la memoria episódica, mientras que los hombres pueden tener una ventaja en la memoria espacial.  Por otro lado, las mujeres a menudo muestran una mayor habilidad para entender las emociones y expresar empatía, mientras que los hombres pueden tener una inclinación ligeramente mayor hacia las habilidades espaciales y la resolución de problemas.

 

Es crucial destacar que estas diferencias son generalizaciones y no se aplican a todos los individuos.  La variabilidad dentro de cada grupo es significativa y la influencia de factores culturales, ambientales y educativos también es considerable.  Además, la plasticidad del cerebro permite adaptaciones y cambios a lo largo de la vida en respuesta a la experiencia y el entorno.  En resumen, mientras que hay algunas tendencias generales, es esencial tratar a cada persona como un individuo único con habilidades y fortalezas propias.

 

Existen diferencias biológicas entre los sexos, como las hormonales y las neuroanatómicas, que pueden influir en algunas características observadas en el comportamiento. Por ejemplo, las hormonas sexuales, como la testosterona y el estrógeno, desempeñan un papel en el desarrollo y funcionamiento del cerebro, lo que podría contribuir a algunas diferencias de género.

 

La biología y la cultura interactúan de manera significativa y la plasticidad cerebral permite adaptaciones a lo largo del tiempo.  La investigación en este campo continúa evolucionando y es importante abordar estas cuestiones con sensibilidad y reconocimiento de la diversidad individual.  Esto permite que la sociedad aproveche al máximo la complementariedad de los géneros.