Según la Ley 7 de 2018 contra actos discriminatorios, el hostigamiento o
acoso moral o psicológico en el trabajo (‘mobbing', en inglés), consiste en ‘la
explotación, la negativa a darle a la víctima las mismas oportunidades de
empleo, no aplicar los mismos criterios de selección, no respetar su
permanencia o condiciones generales de trabajo o descalificación del trabajo
realizado'. La doctrina lo define como ‘hostigar de modo verbal o físico por
parte de un superior con poder hacia otro trabajador/a con menos poder', aunque
también se da entre compañeros de la misma jerarquía, que acorralan a la
víctima en grupo y le hacen la vida miserable.
Se caracteriza por una serie de acciones dirigidas a hostigar
continuamente a la víctima y a producirle insatisfacción e inseguridad en su
lugar de trabajo, mediante comportamientos, palabras, gestos y escritos que
pueden atentar contra su personalidad, dignidad o integridad física o psíquica.
No tiene relación con el más conocido ‘acoso sexual', que es el asedio o acoso
indeseado de otra persona con la intención de tener relaciones sexuales con la
misma. Este comportamiento se da con independencia de sexo, edad o tipo de
conductas específicas y puede llevar a la víctima a abandonar el lugar de
trabajo y llegar hasta el suicidio. Muchas veces se produce con la colaboración
y permisividad del resto del personal y en medio de un sorprendente silencio.
Aunque todos son conscientes de la injusticia, prefieren no intervenir.
Aunque este tipo de acoso moral ha existido siempre en las relaciones
laborales, no se le puso nombre hasta la década de los años 60 del siglo
pasado. El primer investigador y pionero en la divulgación del acoso moral fue
Leymann, un psiquiatra alemán que en 1984 lo definió como ‘psicoterror'. Es
considerado un problema de primer orden por el elevado coste de salud, social y
económico.
Se estima que a nivel mundial el 10% de los trabajadores y trabajadoras
sufren de acoso moral en el trabajo. El 70% corresponde a mujeres, siendo más
vulnerables las mayores de 40 años, las que pertenecen a minorías raciales, las
embarazadas, las lesbianas, las obesas y las discapacitadas, entre otras. Lo
más importante es que más del 80% de las personas afectadas desconoce el
fenómeno. Se da mayormente en instituciones altamente reglamentadas y
homogéneas, como escuelas, fuerzas armadas, cárceles e instituciones
conservadoras, en las que hay poca tolerancia a la diversidad.
¿Cuál es el perfil del acosador? Aunque no existe un criterio uniforme
al respecto, lo más habitual es que sea un narcisista, con un profundo complejo
de inferioridad, que tiende a rodearse de personas mediocres o sumisas que le
hacen el coro, porque el acoso casi siempre es en grupo. Son psicópatas que no
tienen capacidad para ponerse en el lugar de otros y son envidiosos.
No existe un perfil psicológico que predisponga a una persona a ser
víctima de acoso moral; sólo tiene que ser percibida como una amenaza por el
agresor. Suelen ser profesionales brillantes que despiertan celos en los
mediocres; o jóvenes, mujeres, minorías, envidiables, con éxito social;
personas ingenuas y de buena fe; personas con diferente orientación sexual,
ideología política, religión o procedencia geográfica; personas discapacitadas,
enfermas, víctimas de violencia doméstica; o incluso mujeres u hombres
atractivos o personas amenazantes, activas, eficaces y trabajadoras, que
pretenden imponer reformas o implantar una nueva cultura.
Los efectos en las víctimas del acoso moral a largo plazo pueden ser:
depresión, delirio, paranoia, desorganización psicosomática, conducta adictiva
y tendencias suicidas. La recuperación definitiva de la víctima suele durar
años y en casos extremos, no se recupera nunca la capacidad de trabajo.
Los efectos para la empresa son: ausentismo, rotación, baja moral,
disminución de la creatividad, pérdida de profesionalismo, pérdida de
productividad, malas condiciones de trabajo, deterioro del clima social,
accidentes de trabajo, daños a la imagen corporativa, litigios y procedimientos
legales. Esto representa un costo financiero para la empresa y un costo
indirecto para la sociedad, con relación a los gastos en salud.
¿Cómo enfrentar la situación? La prevención de parte de la empresa es
determinante: sensibilizar a los trabajadores para que puedan identificar a
tiempo los factores determinantes, elaborar una estrategia de intervención, que
incluya el aspecto legal y el psicológico. ¿Cómo puede defenderse la víctima?
Recordemos que las cosas que no se nombran, sólo existen a medias. Lo primero
es identificar el problema; documentar y registrar las agresiones desde el
inicio y hacerlas públicas; hacerle frente al acosador es la única forma de
hacerlo retroceder; y hacer valer y defender sus derechos.