Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Las jerarquías sociales han sido construcciones imaginadas
que se presentan como naturales, justas e inevitables. A lo largo de la
historia, las sociedades han clasificado a las personas en categorías de ricos
y pobres, castas superiores e inferiores, o razas dominantes y razas sometidas. Muchas eran legales y luego se convirtieron
en una parte inherente de la mitología, de la práctica religiosa y en hábitos
sociales. No todas las sociedades se
basan en las mismas jerarquías y cambian con el tiempo, pero hay una jerarquía
que ha sido de importancia suprema en todas las sociedades humanas conocidas: la
jerarquía de género.
Desde la revolución agrícola, las sociedades han favorecido
a los hombres sobre las mujeres. En muchas culturas, el nacimiento de una niña
era considerado una desgracia. Las mujeres eran vistas como propiedad de los
hombres (padres, maridos o hermanos) y carecían de derechos básicos y de
autonomía sexual. El cacique Careta le
regaló a Balboa su hija Anayansi a cambio de su libertad. En 2006, todavía había 63 países en los que
un marido no podía ser juzgado por la violación de su esposa.
Aunque se suele argumentar que la división entre hombres y
mujeres es natural y basada en la biología, es un producto de la imaginación,
como el sistema de castas o el sistema racial en América. A lo largo de la historia, las sociedades han
impuesto normas de comportamiento a hombres y mujeres sin una base biológica
firme. Hoy, las mujeres todavía están
insuficientemente representadas en la política y los negocios. En Panamá sólo hay 14 mujeres de 71 diputados
en la Asamblea Nacional. Sin embargo, no
existe ninguna barrera legal a su participación en política y la mayoría piensa
que es normal que una mujer ejerza cargos públicos.
Las relaciones homosexuales también son una construcción
cultural. En algunas sociedades se han
considerado como antinaturales. Sin
embargo, la biología no dicta normas morales, sino que es la cultura la que
impone restricciones. En la Grecia
clásica se consideraba normal que Alejandro Magno tuviera a Hefestión como
amante, por ejemplo. La única forma de
distinguir lo antinatural de lo justificado mediante mitos es: si la biología
lo permite y la cultura lo prohíbe.
Desde una perspectiva biológica, todo lo que es posible es natural. Por ejemplo, la biología permite que las
mujeres tengan hijos, mientras algunas culturas las obligan a tenerlos. Lo antinatural sería que los humanos crezcan
alas y vuelen, que las mujeres corran más rápido que la velocidad de la luz o
que dos electrones con carga negativa se atraigan mutuamente.
El concepto de "natural" no proviene de la
biología, sino de creencias teológicas. Biológicamente, los humanos se dividen
en machos y hembras, pero las categorías de "hombre" y
"mujer" son sociales y han variado con el tiempo. La masculinidad y la feminidad son
construcciones culturales en constante cambio, lo que obliga a hombres y
mujeres a reafirmar constantemente su identidad de género según las normas de
su sociedad.
El patriarcado ha predominado en casi todas las sociedades
desde la revolución agrícola. Aunque han existido excepciones como Cleopatra o
Isabel I de Inglaterra, la norma ha sido la subordinación de la mujer. ¿Existe
alguna razón biológica universal por la que casi todas las culturas valoran más
la masculinidad que la feminidad?
Algunas teorías apuntan a la fuerza física masculina como
fuente de poder, pero esta explicación es insuficiente, ya que el liderazgo
político rara vez ha estado vinculado a la fuerza bruta. Otras teorías sugieren que la agresión
masculina ha sido clave en la guerra, pero no explican por qué el control de
las sociedades también ha recaído en los hombres.
Otra hipótesis es que, durante la evolución, hombres y
mujeres desarrollaron diferentes estrategias de supervivencia: los hombres se
enfocaron en la competencia y la lucha, mientras que las mujeres fortalecieron
sus habilidades sociales y organizativas. Sin embargo, esto genera una
paradoja: si el éxito del Homo sapiens se basa en la cooperación, ¿por qué los
hombres, supuestamente menos cooperativos, han dominado sobre las mujeres?
A pesar de siglos de dominio patriarcal, en el último siglo
los roles de género han cambiado drásticamente. En muchas sociedades, hombres y
mujeres gozan de igualdad de derechos legales, políticos y económicos. No
obstante, persisten desigualdades, como la brecha salarial y la
subrepresentación de mujeres en el poder.
El patriarcado es un
dinosaurio que no muere y ha demostrado una resistencia sorprendente a pesar de
todas las lanzas con que ha sido herido: acceso a la educación, derecho al voto
y autonomía sexual. En este mes de la
mujer debemos recordar que la lucha por la igualdad de género continúa y no
podemos dejar que el dinosaurio vuelva a levantar su cabeza.
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