Muchas veces, cuando pensamos en violencia
laboral contra las mujeres pensamos en el acoso sexual, que ciertamente es una
de las formas más comunes de violencia laboral.
Sin embargo, hay muchas otras maneras de ejercer violencia en el sitio
de trabajo, no sólo contra las mujeres, sino también contra los hombres.
La violencia laboral se puede presentar en
varias formas: El Acoso Sexual, que incluso se divide en dos clases, el
vertical y el horizontal; El hostigamiento; el Favoritismo; La Brecha Salarial
entre hombres y mujeres; el Techo de Cristal; y el Acoso Moral.
El Acoso Sexual vertical se da por parte de un
superior jerárquico, hacia una mujer de rango inferior (aunque también puede
tratarse de una mujer que sea la acosadora si es ella la que tiene el poder). Es una conducta de
naturaleza sexual no deseada por la víctima, que puede ser física, verbal,
gráfica, escrita o gestual. Puede ser mediante amenazas de perder beneficios
laborales si la víctima no acepta, o promesas de beneficios laborales si
acepta. El Acoso Sexual horizontal, como
su nombre lo dice, viene casi siempre de un compañero de trabajo, que no tiene
poder para amenazarla ni premiarla si acepta, pero le hace la vida imposible,
insistiendo en que salga con él y la llama a su casa, la espera a la salida y
entrada del trabajo y no la deja tranquila.
Esto afecta la productividad de la víctima y puede ocasionarle problemas
familiares o con su novio.
El hostigamiento contra las mujeres crea un ambiente hostil de
trabajo. No es de naturaleza sexual,
pero sí dirigida al género femenino. Afecta
todo el ambiente de trabajo. Se trata de
desanimar a las mujeres de trabajar en oficios tradicionalmente masculinos por
medio de burlas o comentarios sobre la anatomía femenina, afiches o fotografías
de mujeres desnudas en el sitio de trabajo, chistes obscenos, referencias
indirectas a la incapacidad de la mujer, conductas que las incomoda y le
dificulta la vida. El hostigamiento o
ambiente hostil de trabajo se puede dar incluso en profesiones de alto nivel
tecnológico o profesional, como se ha visto en casos contra las mujeres
astronautas o las médicas neurocirujanas.
El favoritismo se trata de los
perjuicios que sufren terceros u otros empleados, cuando una o un superior
jerárquico prefiere a una persona de inferior rango, quien se convierte en su
‘favorita’ y goza de privilegios que no se conceden a los otros empleados. Puede ser por amistad, porque tiene
relaciones sexuales con la favorita, por admiración, por familiaridad o por
política partidista. Las personas
perjudicadas tienen derecho a quejarse, porque es discriminación.
La brecha salarial entre hombres
y mujeres es otro tipo de violencia laboral y una forma de discriminación. Las mujeres actualmente en Panamá ganan 73%
de lo que ganan los hombres, por hacer el mismo trabajo y a pesar de tener un
promedio de dos años más de estudio que los hombres.
El techo de cristal es una forma
bastante común de violencia contra las mujeres.
Se trata de una barrera invisible que limita el ascenso laboral de las
mujeres al interior de las organizaciones.
Es invisible, porque es velada y aunque existe, no se ve. No hay normas que la regulen y protejan a las
mujeres. Casi siempre se justifica el
ascenso de un hombre con razones inválidas o poco convincentes y se le da el
ascenso a un hombre con mucho menos experiencia o antigüedad, sólo por el hecho
de ser hombre.
El acoso moral no es sexual,
aunque las estadísticas nos indican que la mayoría de las víctimas son mujeres,
porque normalmente tienen menos poder.
Cuando se da en el sitio de trabajo en inglés se utiliza la palabra “MOBBING”,
mientras que cuando se da en la escuela se utiliza “BULLYING”. En español con más frecuencia utilizamos los
términos en inglés, para diferenciarlos.
Es una conducta, como dijimos, independiente del sexo, edad o manera de
comportarse de la víctima, pero afecta su salud al punto de que puede llevarla al
suicidio. Se trata de ataques a la
víctima con medidas organizacionales, aislamiento, ataques a su vida privada, violencia
física, agresiones verbales, o incluso rumores infundados. Puede ser por envidia, racismo, orientación
sexual, ideología política, religión, o procedencia geográfica. Incluso las víctimas pueden ser profesionales
brillantes, personas admiradas, altamente capacitadas, independientes,
populares, líderes natos, competitivas, o jóvenes, discapacitados o enfermos.
El sitio de trabajo debe ser un lugar
agradable, libre de violencia, donde todos los colaboradores se sientan
cómodos, puedan cumplir eficientemente con sus funciones y sientan ganas de
trabajar. Esto favorece a la empresa o
la institución, porque un empleado satisfecho es mucho más productivo que un
empleado marginado, que no tiene interés en lo que hace o se siente marginado y
sólo se presenta a trabajar porque tiene que ganarse la vida.
Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada Defensora de Derechos Humanos
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