La virginidad es una construcción social del sistema patriarcal. El patriarcado considera la sexualidad y la autonomía sexual de las mujeres como un peligro del que hay que defenderse y controlar. Lo cierto es que, a través de los siglos, la virginidad se ha utilizado como una forma de control y dominio sobre la autonomía sexual femenina. Desde la Grecia antigua, Tucídides opinaba que la mujer “es más peligrosa que las olas del mar embravecido, más que el ardor de las llamas y que el torrente que cae de las montañas en olas impetuosas. Si es un dios quien inventó la mujer, sepa que ha sido artífice inconsciente del mayor de los males.” Los varones más notables de la Iglesia católica contribuyeron a esparcir la idea de que el sexo y las relaciones entre hombre y mujer son pecados. La interpretación misógina de las enseñanzas de la Biblia llevó a Tertuliano hasta decir que “hay que adoptar el celibato, aunque perezca el género humano”.
En la actualidad todavía persisten muchas de
estas creencias y el mandato patriarcal de la virginidad tiene graves
consecuencias sobre la salud de las mujeres en todas las culturas. Es una vulneración de derechos sexuales de las
mujeres, que provoca violencias como crímenes de honor, violencia sexual a
menores, matrimonios forzados, mutilación genital femenina, intervenciones
quirúrgicas y exámenes de virginidad.
Hay muchos mitos y todo un mercado en torno a
la virginidad, la cual no es una realidad médica. Se dice que hay cambios físicos que delatan a
la mujer cuando no es virgen, pero ningún test basado en el estado del himen
sirve para detectar de manera fehaciente si la mujer ha tenido o no relaciones
sexuales con penetración. El himen es una membrana elástica y delgada que cubre
parcialmente la vagina y en menos de la mitad de las mujeres sale sangre a la
penetración.
Otro mito es que la primera vez que la mujer
tiene relaciones sexuales no queda embarazada.
Por supuesto, esto es falso, ya que depende de su ovulación. Hay un mito especialmente horroroso
por el que se considera que tener relaciones sexuales con vírgenes cura el SIDA.
En diversos estudios se confirmó que
entre un 18 y un 30% de los varones encuestados en cuatro países subsaharianos
pensaban que este mito era una realidad.
La inspección o manipulación de
la zona vaginal de la mujer o “test de virginidad” es un imperativo en culturas donde predomina el mito de la
virginidad. En Marruecos la exigencia de certificados de virginidad antes del matrimonio sigue
siendo habitual. La mujer es obligada a ir al médico en presencia de miembros de la familia
de su futuro marido para comprobar su virginidad y la noche de bodas se convierte
en una violación marital donde el esposo debe actuar violentamente para
demostrar su hombría a través de la cantidad de sangrado de la mujer. Esto es una realidad que sigue ocurriendo hoy
en día y que debe denunciarse y penalizarse.
En Indonesia el test de
virginidad es requisito previo al ingreso en las fuerzas armadas, así como a
demanda del futuro marido en caso de matrimonios pactados. En las comunidades de etnia gitana esta
valoración es realizada por otras mujeres, que fiscalizan no solo el estado del
himen, sino la aparición de sangre tras su manipulación.
Hoy en día al menos 20
países en diversas regiones del mundo siguen llevando a cabo pruebas de virginidad, que consisten en una inspección del himen para
detectar rasgaduras o el tamaño de la abertura, con la falsa creencia de que el
aspecto de los genitales femeninos puede revelar los antecedentes de actividad
sexual de la mujer o niña. La ONU
considera que éstas son una violación de los derechos humanos de las niñas y
mujeres por lo que han hecho un llamado a eliminarlas por sus consecuencias
psicológicas.
Tener una educación sexual integral en el hogar y en las escuelas
es básico y necesario para que tantos estereotipos y creencias absurdas como la
virginidad salgan de nuestro vocabulario y de nuestra
vida de una vez por todas. Que las
mujeres disfruten de su sexualidad sanamente es un derecho y de "pecado" no tiene nada.
Lo más importante,
sea la primera vez o no, es sentirse preparado o preparada, a gusto y que por
supuesto, sea sexo seguro y consensuado.
Se supone que un himen íntegro es garantía de “pureza”, cuando la
castidad debería afectar el corazón, la mente y el alma y no tiene que ver con
alguna parte del cuerpo. No se pierde la
virginidad, se gana la sexualidad.
Haydée Méndez Illueca
No hay comentarios:
Publicar un comentario