El lenguaje es un instrumento social que puede
transformar la sociedad. Diferentes
sociedades visualizan la realidad de maneras diferentes y la expresan a través
del idioma. El lenguaje no sólo nos
permite hablar sobre las cosas, sino que también hace que ellas sucedan---crea
realidades, nuevos imaginarios y discursos comunes. Podemos usarlo para cambiar
paradigmas existentes que perjudican a la mujer, como la superioridad del
hombre y su derecho de vida o muerte sobre la mujer, que son mitos que terminan
pareciéndose a una verdad, de tanto expresarlos de manera simbólica o explícita.
El imaginario colectivo es un concepto de las ciencias
sociales acuñado en 1960 por Edgar Morin, que designa el conjunto de mitos y
símbolos que funcionan como una “mente” social colectiva. Lo importante es que se manifiesta a través
del lenguaje. Es como si una invención
se convirtiera en costumbre. Es la
percepción que la sociedad tiene de un grupo, respondiendo a estereotipos. Por ejemplo: que todos los islámicos son
terroristas, o que todas las mujeres son débiles y todos los hombres son
fuertes, percepciones éstas que no siempre concuerdan con la realidad.
Los imaginarios colectivos utilizan estereotipos, o
ideas generalizadas de la realidad. Sin
embargo, son temporales y susceptibles de ser cambiados. Le toca al feminismo recuperar la palabra y
enfrentarse al poder patriarcal que domina a través de estos estereotipos. Es necesario de-construir el imaginario
colectivo existente y establecer un vocabulario común, re-significando ciertas
palabras, que han sido usurpadas por el poder patriarcal. El lenguaje debe atender a los intereses de
todos los afectados – no de los dueños de los medios, no de los poderosos, sino
también de mujeres, que son víctimas del paradigma actual y sufren múltiples
formas de violencia; de personas con diferente orientación sexual; de las
víctimas del racismo; y en fin, de todas las personas que pertenecen a grupos
vulnerables por una u otra razón.
En el uso de la palabra va implícita una experiencia
que carece de palabras, pero que entra y se encuentra dentro del
pensamiento. Una palabra empuja de esta
manera hacia una nueva forma de pensar. El
lenguaje es como un molde---no podemos imaginarnos nada fuera de la forma de
pensar en la que estamos insertos---nos dejamos guiar por el lenguaje y estamos
entretejidos en él.
El lenguaje feminista aspira a cambiar
el paradigma patriarcal, porque las reglas del lenguaje son decisiones
humanas. Para cambiar un paradigma, para
irse en contra de los patriarcas de la Real Academia, hay que ser irreverente –
y las feministas lo somos. Como no se puede cambiar un paradigma
sin ir contra la corriente, el pensamiento
feminista (las locas, amargadas y resentidas que algunos dicen que somos)
proponemos un cambio de paradigma para recuperar la palabra y enfrentarnos al
poder patriarcal. Creemos que tenemos
derecho a ello, ya que somos la mitad de la población y la madre de la otra
mitad.
La Real Academia considera que con el uso genérico
del masculino gramatical se obtiene la máxima comunicación con el menor
esfuerzo posible y que el masculino designa a todos los individuos de la
especie. Pues si de economía de lenguaje
se trata, el mismo resultado podría lograrse con el uso del femenino para
designar a todos los individuos de la especie.
Si se usa "el femenino genérico" los varones protestan porque
se les está dejando por fuera. Algunos
comprenden la importancia de utilizar lenguaje inclusivo; otros alegan que la
mujer no tiene porqué sentirse excluida, ya que no se trata de sesgos de género
sino del uso correcto de la lengua tal como lo ha determinado la Real Academia
Española. Pero ignoran que la Real
Academia Española fue creada en 1713 y sólo después de 265 años vino a contar
con la primera mujer en propiedad, cuando las reglas básicas de la lengua ya se
habían establecido. Por ello reflejó en
su normativa los usos dominantes de la sociedad patriarcal y machista de la
época en que fue creada. En otras
palabras, inventaron las reglas para ellos y quieren seguir imponiéndolas
porque se autodenominan “La Autoridad”.
El uso de lenguaje inclusivo por
sí sólo no va a acabar con las terribles inequidades entre hombres y mujeres,
pero contribuye a visibilizar nuestra existencia, nuestras aportaciones a todas
las áreas del quehacer humano, nuestra especificidad como seres humanas y
permite la formulación de políticas públicas, estadísticas, estrategias y
planes de desarrollo con enfoque de género.
Haydée Méndez Illueca, PhD
Abogada y Escritora
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