El 3
de junio de 2021 FUNDAGENERO presentó la iniciativa ciudadana No. 198 a
Participación Ciudadana de la Asamblea Nacional, propuesta de ley “Que previene
y sanciona la violencia mediática y simbólica contra grupos y personas
vulnerables en los medios de comunicación masiva.” Esta propuesta fue declarada “no viable” por
la Secretaría Técnica de Gobierno de la AN, con el argumento de que sancionar
la violencia mediática equivale a una censura que atenta contra la libertad de
expresión y viola:
(1) El artículo 37 de la Constitución
(que prohíbe la censura previa y que además
establece que los medios son responsables si atentan contra a reputación, la
honra (o dignidad) de las personas, la seguridad social, o el orden público); y
(2) Contra la Convención Americana, que
indica que no se puede restringir el derecho de expresión, refiriéndose al
abuso de los controles sociales o circulación de ideas y opiniones.
Lo
peor es que señala “la amplia regulación que establece la Ley 82 de 2013 contra
la violencia hacia la mujer,” como quien dice, ¿y qué más quieren? Esta ley y la Ley 42 de 1999 sobre protección
de violencia mediática contra las personas con discapacidad son precisamente
las dos leyes que han sufrido modificaciones que favorecen la violencia
mediática, obedeciendo a la presión de las empresas mediáticas, cuyo interés es
aumentar el “rating” en la televisión, la compra de periódicos, o seguidores en
las redes. La opinión pública se
encuentra manipulada y formulada por grupos de poder que, a través de los
medios de comunicación, imponen sus intereses en el pensamiento público y en la
publicidad.
La ley que se propone no coarta la libertad de
expresión en los medios; por el contrario, protegería a los grupos vulnerables,
prohibiendo las imágenes pornográficas que salen a diario en los tabloides y
que perjudican a los menores. Se ha
encontrado que los y las jóvenes que ven pornografía y no reciben educación
sexual tienen mayor número de parejas sexuales e historial de enfermedades de
transmisión sexual. Sus habilidades
cognitivas están inmaduras y todavía están desarrollando sus comportamientos
sexuales.
Las imágenes sexistas y los anuncios sexuales donde
se venden mujeres por $20 fomentan la prostitución y la trata de personas. La violencia simbólica que aparece en la
publicidad comercial y en las imágenes humillantes de las víctimas de femicidio
y violencia doméstica atenta contra la dignidad de las personas y frivolizan el
femicidio, como uno que se titulaba “La mató por un chat”. No se trata de prohibir ni censurar la
noticia, sino de presentarla como lo que es: un femicidio agravado por motivos
fútiles.
Muchas veces incluso “hacen fiesta” (como se dice
vulgarmente) con la víctima y no con el victimario: nombre, dos apellidos,
descripción completa de la víctima, mientras que sólo mencionan el delito, sin
dar siquiera el nombre del victimario ni informar si está detenido o anda libre
para seguir asesinando mujeres que considera de “su propiedad”. Es importante informar si el victimario fue
capturado, juzgado y condenado, para que esto sirva para disuadir a los
maltratadores y brindar seguridad al público de que la policía y el sistema de
justicia están funcionando. Esto es algo
positivo que vale la pena publicar.
La
misma Ley 82 de 2013 que “regula ampliamente los temas de violencia de género
contra la mujer” (como se menciona en el concepto de no viabilidad de la ley
propuesta), establece en su artículo 34 que los medios tienen la obligación de
impulsar mensajes y campañas permanentes de sensibilización y concienciación
sobre el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia; promover
el respeto por los derechos humanos de las mujeres; brindar capacitación a su
personal sobre el tema de violencia; promover la eliminación del sexismo en la
información; hacer campañas publicitarias para prevenir y erradicar la
violencia hacia las mujeres; sensibilizar a su personal para que promuevan una
imagen respetuosa de las mujeres; y resaltar la divulgación sistemática de los
logros de las mujeres en las distintas esferas.
Los medios de comunicación desempeñan un papel
importantísimo en la sociedad. Comprendemos
que tienen
que ser viables económicamente y es normal que tengan ciertos valores que
quieran transmitir, pero esto no puede ser a cualquier precio. Los datos que se transmiten deben
transmitirse con una finalidad pedagógica y de divulgación, idealmente lo más
aséptica posible, evitando el morbo que vemos en los tabloides. La violencia mediática no es
libertad de expresión.
Haydée Méndez Illueca, PhD
Escritora, Abogada y Defensora de Derechos Humanos
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