En los últimos cincuenta años, ningún país donde
las mujeres no tengan acceso a los anticonceptivos ha salido de la pobreza. Esta innovación es la que más salva
vidas, acaba con la pobreza y empodera a las mujeres; por ello, la
planificación familiar debe ocupar la más alta prioridad en cualquier país.
La Conferencia Internacional sobre Población y
Desarrollo celebrada en el Cairo en 1994 reunió más de 10,000 participantes de
todo el mundo. Fue la mayor conferencia de
su clase que jamás se haya celebrado y una histórica declaración temprana sobre
los derechos humanos de las mujeres y las niñas, que estableció que la
planificación familiar es un derecho humano básico. No obstante, el financiamiento dedicado a la
planificación familiar ha sido reducido significativamente por los gobiernos desde
esta Conferencia.
Un embarazo no deseado puede resultar devastador para
las mujeres que no tienen cómo alimentar a los hijos que ya tienen, o tienen
muchos años o están demasiado jóvenes o enfermas para parir. Hay mujeres que no conocen los
anticonceptivos, o los conocen y los quieren, pero no los pueden
conseguir. Lo cierto es que resultan ser
de primera y central prioridad para las mujeres. Cuando una mujer puede planificar y espaciar
sus embarazos, la mortalidad materna de los recién nacidos y de los niños y
niñas se reduce; la madre y su hijo son más saludables; la madre y el padre
tienen más tiempo y energía para cuidar de cada hijo o hija; y las familias
tienen más recursos su nutrición y educación.
The Lancet
(revista médica británica) publicó un estudio financiado por el gobierno
británico y la Fundación Gates, que mostraba que el acceso a la anticoncepción
reduce el número de mortalidad materna por un tercio. El embarazo es la primera causa de muerte de
adolescentes. La Organización Save the Children reportó que un millón
de niñas adolescentes en el mundo mueren o se lesionan en el parto cada año.
A veces lo mejor que puede hacer una mujer por sus
hijos es no tener otro, porque cuando no se planifican los embarazos, toda la
familia sufre. Las mujeres sólo pueden
lograr un cambio social si pueden evitar embarazos no deseados. Las mujeres que tienen los recursos y los
conocimientos tienen opciones, pero las mujeres que luchan contra la pobreza
necesitan tiempo, dinero y energía para cuidar a cada niño o niña a la vez que necesitan
tener un ingreso mientras crían a sus hijos.
Están atrapadas. Lo malo es que
las mujeres que más sufren son las que menos pueden hacer para exigir cambios a
los políticos. En una sociedad atrasada
o en retroceso, los hombres toman las decisiones por las mujeres.
Cuando las mujeres ganan derechos, la familia y la
sociedad prosperan. Cuando se incluye a
las mujeres y las niñas, que son la mitad de la población, se beneficia a todos
los miembros de la comunidad, porque la equidad de género eleva a todo el
mundo.
Los que se oponen a la anticoncepción argumentan que
los anticonceptivos han sido usados para ciertos propósitos inmorales y que por
eso no deben usarse para ningún propósito, ni siquiera para permitirle a una
madre esperar antes de tener otro hijo.
El aborto es otro argumento que se usa desacreditar los beneficios de
los anticonceptivos. No obstante, según
datos recientes, los anticonceptivos también reducen los abortos, ya que como
resultado de su uso, en solo un año hubo 26 millones menos de abortos inseguros
en los países más pobres del mundo.
Otros piensan que la planificación familiar es una conspiración
para controlar la población. No
comprenden que al espaciar y programar los embarazos, se mejora la salud de la
madre y del hijo y permite que las familias tengan sólo la cantidad de hijos
que pueden mantener.
La poderosa oposición a los anticonceptivos de la
Iglesia Católica también ha afectado la planificación familiar. Fuera de los gobiernos, la Iglesia Católica
es la mayor proveedora de servicios educativos y médicos del mundo. Esto le da una gran presencia e impacto positivo
en la vida de los pobres, pero la Iglesia también es una de las voces en contra
de los anticonceptivos. Esta enseñanza
entra en conflicto con la enseñanza del amor al prójimo. Querer lo mejor para sus hijos es amar al
prójimo y el amor es más fuerte que la doctrina. No hay moral sin empatía y no hay empatía si
se ahogan las voces de las mujeres que quieren una mejor vida para sus
hijos. Ultimadamente, las cuestiones
morales son personales.
Haydée Méndez
Illueca, PhD
Abogada, Escritora y Defensora de Derechos Humanos