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domingo, 7 de noviembre de 2021

FUNDAMENTALISMOS

 

Haydée Méndez Illueca, PhD.

 Los fundamentalismos son corrientes religiosas o ideológicas que interpretan sus textos sagrados o “fundacionales” en forma literal, o aplican una doctrina, libro o práctica establecida, en forma intransigente en vez de contextual.  No permiten invocar ninguna otra autoridad y consideran que su ideología debe imponerse por sobre las leyes creadas por la sociedad en que viven e incluso sobre el Derecho Internacional al cual está sometido su país.  Se puede decir, entonces, que el patriarcado es un fundamentalismo, porque es una ideología que impone la opresión, sumisión y subordinación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida y tiene raíces religiosas, ya que según la iglesia católica y muchas otras iglesias conservadoras, la mujer sólo está destinada a la procreación.

 

Sin embargo, ser fundamentalista y ser religioso son dos cosas diferentes.  No todas las personas religiosas son fundamentalistas.  Los fundamentalistas de la religión tienen opiniones políticas de extrema derecha y la convicción de que obedecen al mandato divino cuando imponen lo que consideran la única verdad.  En realidad, lo que quieren es poder y control sobre la población y esto se da en todas las religiones.  Se proponen capturar espacios públicos y dominar las políticas públicas, excluyendo a otras influencias.  La mayoría ni siquiera son tan religiosos como dicen ser.  Según Susana Chiarotti, “lo que pasa es que no es lo mismo hablar con el respaldo de Dios, que sin el mismo, porque Dios es una fuente de legitimación importante.”  Se puede debatir con personas que no están de acuerdo con uno, pero no con gente que cree tener comunicación directa con Dios.  Hay muchas personas que afirman que hablan directamente con Dios en la noche, para decidir cosas importantes de su vida de acuerdo a sus consejos.

 

Los que se ponen en contra de sus ideas, ellos los ponen en el lugar del pecado y del diablo.  Utilizan las emociones para controlar a las masas.  Un ejemplo perfecto de ello es la campaña por todo Latinoamérica “Con mis hijos no te metas”, que también se vio aquí en Panamá, contra la educación integral en sexualidad, en abierta oposición a todas las leyes vigentes que obligan a que se dé educación sexual en todas las escuelas.  Cuando a alguien le tocan sus hijos, reacciona en contra de cualquier cosa, aunque no la conozca.

 

Han satanizado el sexo y el placer lo han degradado a instinto nocivo.  Algunos religiosos, frustrados por el celibato, bloquean la enseñanza de una sexualidad integral y sobre todo más segura; los “pro-familia” se la pasan difundiendo toda clase de mentiras, acusando a las Naciones Unidas de tener un negociado con la venta de condones, asegurando que los métodos anticonceptivos son diabólicos, que los homosexuales son enfermos y la homosexualidad tiene cura y que las mujeres tienen que ocupar su lugar en el hogar y tener todos los hijos que Dios les mande.

 

Hay muchas personas activistas por los derechos de las mujeres que se oponen al fundamentalismo, como Católicas por el Derecho a Decidir, las iglesias de la Comunidad Metropolitana, el Foro de Mujeres Religiosas-Kolech, la Red Internacional de Budistas Comprometidas y las Hermanas en el Islam, por ejemplo.  Quien se resiste a la ideología fundamentalista no es considerado un “creyente de verdad” y los fundamentalistas de la religión toman a personas de su misma religión que tienen diferentes opiniones políticas, como blanco para sus agresiones físicas y verbales.  Las y los activistas de derechos humanos y las mujeres en general son los blancos más frecuentes de estas agresiones.  Igualmente las personas y organizaciones LGBTI, personas laicas o ateas, intelectuales y libre-pensadores.

 

Otra estrategia es afirmar su superioridad moral por sobre una cultura foránea u otras comunidades religiosas, culpar a la “desintegración familiar” de los problemas sociales, y presentar los roles de género (estereotipos) como “naturales”.

 

La visión fundamentalista de lo que significa ser “pro-vida” es altamente selectiva, ya que para ellos no tiene importancia la vida de la mujer que se pone en peligro o se pierde por embarazos no seguros.  “Women on Waves” estima que cada ocho minutos muere una mujer por aborto inseguro, debido a la pobreza, la falta de acceso a los servicios y al éxito que ha tenido el fundamentalismo en cuanto a penalizar el aborto.  Los fundamentalistas también han atacado las clínicas de aborto y asesinado o intentado asesinar a su personal.  Entonces, ¿de quién es la vida que merece ser protegida?

 

El feminismo, como movimiento social, ha expuesto los mitos del fundamentalismo y ha desafiado los estereotipos dominantes, generando así cambios positivos en las vidas de las mujeres y de la sociedad en general. 

lunes, 30 de diciembre de 2019

¿CÓMO CONTENER LA OLA DE FEMICIDIOS?


Haydée Méndez Illueca, Ph D
Abogada

Es realmente alarmante la ola de femicidios que azota nuestro país.  Sólo en el mes de diciembre de 2019 han muerto 8 mujeres, sin contar los femicidios en grado de tentativa, las muertes violentas de mujeres que todavía no se ha determinado si son femicidios y el aumento escandaloso de la violencia doméstica y la violencia mediática (en los medios de comunicación).  Panamá ocupa el lugar 108 de 189 países en desigualdad de género y comparte esta posición con Namibia.

Debemos seriamente estudiar la situación de nuestra sociedad, porque además de que somos la mitad de la población y la madre de la otra mitad, las mujeres somos guardianas de la familia y de la sociedad.  Donde hay desigualdad, no puede prosperar la familia ni el desarrollo humano del país, el cual se pierde la productividad de la mitad de su población.

Pero hay otra ola igual o más de peligrosa, que nos ataca a nivel mundial: la ola anti-derechos, el fundamentalismo, que utiliza la retórica del miedo para atacar los derechos humanos, que son un logro invaluable de la humanidad.  En el fondo, las campañas de “Con mis hijos no te metas” y la “Ideología de Género”, las acusaciones contra las Naciones Unidas y los ataques a los instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos, lo que buscan es continuar controlando la sexualidad y la reproducción de las mujeres, una de las estrategias del patriarcado.  Aunque el género no es una ideología, sino una categoría de análisis que estudia las relaciones entre hombres, mujeres y personas de la diversidad sexual para descubrir las desigualdades, sí podemos hablar de ideología patriarcal, ya que al colocar a las mujeres en una situación de inferioridad, se han construido normas, valores, costumbres e instituciones, muchas de éstas con raíces religiosas.  La ideología patriarcal afecta el imaginario colectivo, lo que lleva a que las mujeres sean concebidas como objetos, propiedad de los hombres y las personas de la diversidad sexual como “anormales”.  Esto es lo que lleva a la violencia contra estos grupos vulnerables, sobre todo las mujeres.

A partir de 1948, cuando nacieron los Derechos Humanos, se ha hecho un esfuerzo internacional por legislar en protección de los mismos.  A la fecha, en Panamá tenemos treinta y ocho leyes que de una forma u otra apuntan a la defensa de derechos.  Si todas estas leyes se cumplieran a cabalidad, por fuerza tendrían que contenerse estas olas que son el resultado de la ideología patriarcal.

Las campañas anti-derechos y los fundamentalismos no tienen derecho a llamar a la desobediencia de las leyes.  Se declaran en defensa de la familia, cuando en realidad la están atacando a través de la mujer o a través de los crímenes de odio homofóbico. 

Las leyes obligan a la educación integral en sexualidad, que no es más que una forma de inculcar valores, prevenir la violencia sexual contra niñas y niños, prevenir el embarazo adolescente, promover relaciones equitativas entre hombres y mujeres y proteger a la población de las infecciones de transmisión sexual.  Si se cumplieran todas las normas, habría albergues para las mujeres maltratadas y sus hijos, capacitación a todos los servidores públicos (sobre todo policías, fiscales y jueces), padres y madres de familia, docentes y la comunidad en general para evitar la desigualdad, se establecieran juzgados y fiscalías especializadas en violencia contra la mujer (mandato que desde 2013 no se ha cumplido), habría presupuesto para brazaletes electrónicos para prevenir femicidios, se acabaría con la impunidad que a veces se logra con los acuerdos de pena, se multaría a los medios de comunicación que imparten educación sexual a través de imágenes pornográficas, titulares sensacionalistas, publicidad sexista y anuncios de prostitución, se castigaría con despido a los acosadores y se acabaría con la trata de personas. 

Para detener la ola de femicidios es necesario desarticular la ideología patriarcal, acatando las leyes que ya tenemos, que son muchas y buenas, con pocas excepciones.  En el espacio académico debe primar el conocimiento científico para que los futuros profesionales se formen sin sesgos ni preconcepciones.  Para ello es importante que se establezca expresamente el Estado Laico en el proceso de actualización de nuestra constitución.  Es imposible defender los derechos humanos sin un Estado Laico. 

La violencia en todas sus expresiones es consecuencia de la ideología patriarcal, una conducta que se basa en la idea de que las mujeres son propiedad de los hombres y existen sólo para satisfacer sus deseos.

(Publicado en La Estrella el domingo 29 de diciembre de 2019)