(Publicado en La Estrella el domingo 3 de marzo de 2024)
Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
El 19 de febrero el Centro de
Capacitación de la Procuraduría de la Administración inició el Año Académico
2024 con una extraordinaria conferencia sobre moral, ética e integridad por el
Dr. Dante Mendoza Antonioli. En vista de
los muchos retos que deben enfrentar en su lucha contra la corrupción, ésta
viene a pelo en esta próxima elección, como guía para todos los candidatos a
cargos de todos los niveles. Los países
de nuestra región parecen competir en legislación para evitar o detener la
corrupción: que si la rendición de cuentas, declaraciones juradas,
declaraciones patrimoniales, etc., llegando a la paranoia. Sin embargo, los índices de percepción de
corrupción siguen aumentando y la credibilidad ciudadana en el Estado sigue
cayendo, no importa lo bueno que hagamos.
La primera tarea que tienen los políticos, entonces, es recuperar la
confianza de la ciudadanía. Debemos
tener claro los conceptos de Moral, Ética e Integridad.
La Moral es el buen comportamiento,
según la cultura de una sociedad. Lo que
se considera buen comportamiento en una sociedad puede no serlo en otra, ya que
la cultura no es absoluta. Los países de
nuestra región rechazan la reelección, mientras que en Europa y otros países no
se le teme. Tenemos el ejemplo de Ángela
Merkel, quien estuvo en el poder por cuatro periodos consecutivos y no se
afectó la democracia.
La Ética es la ciencia cuyo objeto
de estudio es el comportamiento de ese país en particular, para que llegue a
ser buen comportamiento a nivel de la cultura del país. Muy poco se ha analizado qué es un buen
comportamiento y qué espera la sociedad de un funcionario en todos y cada uno
de los niveles. La población sigue
diciendo NO CONFÍO. Nadie ha analizado
el nivel de percepción de su circunscripción, su entidad o institución. ¿Qué busca el ciudadano? ¿Se lo estamos dando?
La Integridad, por otra parte, es
el alineamiento entre nuestra vida privada y nuestra vida pública---lo interno
y nuestra gestión pública. No se puede
ser referente de una institución si en casa no se practica o no se cumple con
el propio reglamento. Por ejemplo, un
alto directivo de la Policía, que exige que todo el personal cumpla con el
reglamento, pero él lo viola, acosando sexualmente a una subalterna.
Todo servidor público se debe al
principio de legalidad: El servidor público sólo puede hacer lo que diga la
ley, mientras que el particular tiene autonomía de la voluntad mientras la ley
no se lo prohíba. Sin embargo, ya el
candidato Mulino está anunciando que si gana las elecciones, le dará un indulto
al ex presidente Martinelli, sin tomar en cuenta que la figura del indulto está
condicionada, exclusivamente, para aquellos delitos de naturaleza y contenido
político. Otros candidatos ya han
manifestado, antes de ocupar el cargo, que incumplirán la ley y eliminarán el
Ministerio de la Mujer o la oficina de género del municipio, porque no
funcionan, cuando lo que deben hacer es garantizar su buen funcionamiento. Estas son señales del deterioro del concepto
de legalidad. En el momento en que cada
ciudadano tenga el derecho de decidir qué norma cumple y qué norma no cumple,
se acabó el orden, el contrato social y la vida como la conocemos.
Es importante mencionar que la ley
no nos puede dar el detalle de lo que tenemos que hacer. La realidad siempre es mucho más de lo que
puede plantearnos una ley, que debe ser interpretada de acuerdo a las
circunstancias, sin violarla. Esto es
equidad, no igualdad. Hay un margen de
movimiento dentro de la ley, porque de lo contrario es totalitarismo jurídico. La autoridad administrativa no podrá dejar de
solucionarle el problema al ciudadano por defecto o deficiencia de la
norma. Se debe buscar una solución
adecuada dentro del marco legal. Como
ejemplo tenemos el caso de la niña de 8 años violada, a quien se le obligó a
parir porque había pasado el tiempo reglamentario de embarazo para el aborto,
sin tomar en cuenta el riesgo a su vida y la del producto a esa tierna
edad. La ley permite la interrupción del
embarazo cuando “se ponga en peligro la vida de la madre o del producto de la
concepción.”
¿Qué hacer, entonces, contra la
corrupción? Tener “liderazgo ético”. La verdadera lucha contra la corrupción no es
cambiar las normas. Tenemos que cambiar
la mentalidad. “Nada pone a prueba la
habilidad de un hombre para liderar a otro, como su actuar día a día para
liderarse a sí mismo” (Tomás Watson).
Trabajar en lo pequeño genera un efecto en cadena. Usar el sentido común para solucionar el
problema dentro del marco legal. ¿Y si
no se puede? Pues modificar la ley,
porque nada está escrito en piedra. Pero
mientras exista, tenemos que cumplirla.
La conferencia completa se puede acceder en:
https://www.youtube.com/watch?v=1pemLtnWUV0&t=1798s
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