¿Qué está pasando con los derechos de las mujeres en casi
todas partes del mundo? Pues que están
bajo el fuego. En pleno siglo XXI y a
pesar de los esfuerzos desplegados y los logros obtenidos, Panamá no se salva
de los retrocesos que estamos sufriendo, del incumplimiento de las leyes y de
la creciente polarización en temas de aborto e iguales derechos a la
esterilización, el no reconocimiento de los derechos de las personas con
distinta orientación/identidad sexual, prohibición de anticonceptivos, además
de los graves problemas que enfrenta la democracia y la institucionalidad.
Los movimientos conservadores y fundamentalistas religiosos
satanizan el feminismo, tergiversan conceptos y se escudan tras la “familia” y
defensa de la “vida”, inundando los medios con mentiras, verdades a medias y
acusaciones falsas contra las Naciones Unidas.
El poder de estos movimientos conservadores se debe a la ignorancia, el
pensamiento mágico religioso y la religiosidad supersticiosa; pero sobre todo,
a la injerencia de las iglesias conservadoras, que manipulan el imaginario
colectivo. Por eso es tan importante la
separación entre religión y Estado.
El periodista francés Frédéric Martel, en su libro “Sodoma” (2019)
hace un estudio, muy bien sustentado, sobre la hipocresía del Vaticano y el
clero en lo referente al celibato, pederastia, homosexualidad y ordenación de
mujeres. En la práctica, y especialmente
desde la “liberación” sexual de la década de 1970, la castidad ya no es
humanamente sostenible, sino más bien signo de inmadurez emocional o fuente de
problemas patológicos serios. Ahora la
homosexualidad y el matrimonio igualitario son legales en la mayoría de los
países democráticos, sin importar lo que piense la iglesia; en cincuenta años,
hemos pasado de la penalización de la homosexualidad a la penalización de la
homofobia. Según Martel, la necesidad de
verdad de su libro responde a la exigencia de verdad del Papa Francisco, que
lucha contra la hipocresía.
La vocación religiosa fue ‘la’ solución al problema de la
penalización de los homosexuales. Al
meterse a curas, encontraban un refugio donde eran respetados, nadie los
cuestionaba sobre su soltería, podían usar faldas y vivían rodeados de hombres. Entre el 60 y 70 por ciento de los
seminaristas son gay. Mientras más
homofóbico es un clérigo, más probable es que sea homosexual. La cultura del silencio ha permitido esconder
la pederastia y los obispos han protegido a los agresores por miedo a que su
propia homosexualidad sea revelada en caso de un escándalo.
La postura homofóbica de Juan Pablo II y Benedicto 16
convirtió al Vaticano en un instrumento de crueldad inimaginable para los
clérigos y la iglesia perdió muchas vocaciones. El símbolo del mayor escándalo fue el Cardenal
Bernard Francis Law, cuando más de 15,000 niños entre 11 y 17 años de edad
fueron víctimas de pederastia. El actual
Papa tiene una guerra en sus manos contra los cardenales homosexuales, que
quieren mantener su status quo a toda costa.
Según Martel, Francisco le confesó a su séquito: “Es un libro muy
bueno. Yo lo sabía todo”.
El estudio "Progreso de los Objetivos de Desarrollo
Sostenible: La instantánea del género en 2022" presenta los últimos datos
sobre la igualdad de género en los 17 Objetivos y destaca las interrelaciones
entre los objetivos, el papel fundamental que desempeña la igualdad de género
para impulsar el progreso de los ODS, y el papel central de las mujeres y las
niñas en el camino hacia el futuro.
Sobre todo, señala el largo camino que queda por recorrer para lograr la
igualdad de género. Los últimos datos
disponibles del ODS 5 muestran que el mundo no va a lograr la igualdad de
género para 2030.
COVID-19 y la reacción contra la salud y los derechos
sexuales y reproductivos de las mujeres están reduciendo aún más las
perspectivas de igualdad de género. La
violencia contra las mujeres sigue siendo elevada; las crisis sanitarias,
climáticas y humanitarias mundiales han aumentado aún más los riesgos de
violencia, especialmente para las mujeres y niñas más vulnerables; y las
mujeres se sienten más inseguras que antes de la pandemia. La representación de las mujeres en puestos
de poder y de toma de decisiones sigue estando por debajo de la paridad. En muchos países de América los
fundamentalistas han logrado posicionarse como mandatarios y se ha retrocedido
casi a la edad media en cuanto a derechos de grupos vulnerables y mujeres. Sólo se dispone del 47% de los datos
necesarios para hacer un seguimiento de los avances en el ODS 5, lo que
invisibiliza a mujeres y niñas.
Por eso, el momento de actuar e invertir en las mujeres y
las niñas es ahora, ya que estamos casi a mitad de camino de la meta de 2030
para los ODS.
Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada Defensora de Derechos Humanos
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