El 24 de
junio de 2022 la Corte Suprema de los Estados Unidos anuló el Fallo Roe vs.
Wade de 1973, que habilitaba el derecho al aborto en todo el territorio
estadounidense. Esto dio un paso atrás
con respecto a los derechos de millones de mujeres estadounidenses pobres, que
no tienen los medios para acudir a otra jurisdicción donde el aborto no sea
prohibido. Lo escandaloso es que la
diputada panameña Corina Cano, quien forma parte de la Comisión de la Mujer de
la AN y tiene aspiraciones de presidirla (Y ahora, ¿quién podrá defendernos?), apoye
la “Declaración de Ginebra” suscrita en su mayoría por países que tratan de
imponer su cultura, creencias y religión en el plano internacional. Ella misma ha manifestado que la Biblia debe
ser el libro sagrado de todos los panameños.
Lo malo es
que la diputada Cano no está sola.
Detrás de ella está el movimiento Pro Vida y Pro familia, que debería
llamarse “Pro Muerte y Contra familias”, ya que las discusiones sobre el aborto
no incluyen aspectos de vital importancia como la vida, la salud biológica y
mental de la mujer y las consecuencias inmediatas que puede sufrir durante un
proceso de gestación no deseado. Tampoco
toma en cuenta las familias donde una boca más puede significar su desnutrición
y hasta su destrucción. A este
movimiento se suman las iglesias protestantes conservadoras, que intentan
imponer sus agendas fundamentalistas en todos los países latinoamericanos, las campañas
¨con mis hijos no te metas” y la insistencia de la diputada Cano en registrar los
no nacidos, para identificar abortos. Hay peligro de que los derechos
reproductivos de la mujer panameña y su libertad, queden en manos de funcionarios
y jueces que ponen sus creencias religiosas y patriarcales por encima de la
justicia, como ha pasado en Estados Unidos.
Lo que más
sorprende es que la diputada, siendo abogada, no conozca la posición política
de nuestro país en cuanto al acceso a la salud sexual y reproductiva y los
derechos de las mujeres establecidos en nuestra legislación. Panamá está suscrita a los dos convenios
principales de derechos humanos de la mujer y ha promulgado innumerables leyes
que los desarrollan a favor de la mujer y su autonomía, mientras que Estados
Unidos ni siquiera es signatario de la Convención Belem do Para y ha firmado,
pero no ratificado, la Convención CEDAW.
El nuevo
gobierno del Presidente Biden se opone a este documento y ha retirado la firma
y patrocinio de esta declaración. Si el
mismo Estado proponente la retira, ¿Cómo puede pensar la diputada que el
gobierno de Panamá debe suscribirla?
¿Cuáles son los antecedentes de este nefasto fallo de la
Corte Suprema? Donald Trump prometió
como candidato que sólo nombraría magistrados a la Corte que revirtieran la
doctrina sobre el aborto. Con esa
promesa logró los votos de una derecha religiosa que lo despreciaba, un grupo
minoritario pero imprescindible para ganar la presidencia y una victoria que
las urnas jamás le habrían dado. El
resultado es que ha impuesto su fanatismo a través de una institución no electa. La nueva administración tiene muchas
dificultades para revertirlo, ya que no tiene mayoría en el Congreso. El mensaje es demoledor: se pueden imponer
políticas extremistas a las que ninguna mayoría democrática daría legitimidad, manipulando
las instituciones. Según CNN el 60% de
las mujeres estadounidenses quieren el aborto.
Es obligación
de nuestro Gobierno proveer a sus asociados un marco legal adecuado, que aporte
a las mujeres información y servicios para evitar enfermedades de transmisión
sexual y les permita planificar su familia de manera responsable, de acuerdo
con sus convicciones y posibilidades.
Ningún Estado tiene derecho a obligar a nadie a tener menos ni más hijos
de los que quiere. Es necesario agregar
la interrupción del embarazo por razones económicas a nuestro Código Penal,
como existe en otros países. Desde el
año 2008 hasta el 2019 se han reportado, según cifras de la Contraloría General
de la República, 1,355 muertes a causa de desnutrición. De esos, 488 son menores de cinco años. ¿Pro Vida?
El fallo
sobre Roe vs Wade afectará a todas las mujeres del pueblo estadounidense, pero
sobre todo a las mujeres empobrecidas, negras, latinas y migrantes. Esto ha generado una reacción en
cadena con efectos en varios países.
Francia, por ejemplo, propone incluir el aborto en la Carta de Derechos
Fundamentales de la UE y varios grupos parlamentarios han anunciado
proposiciones de ley para inscribir al aborto como un derecho fundamental en la
Constitución francesa.
Lo importante de este nefasto fallo es que constituye una
advertencia de que no podemos dar nada por conseguido en cuanto a derechos de
las mujeres. Debemos seguir alertas y en
la lucha.
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