El feminismo es el movimiento social más importante e
imparable del mundo. Se caracteriza
sobre todo por ser para todos los humanos, sin discriminar tampoco contra los
animales ni el medio ambiente. Las
mujeres no somos un “grupo” vulnerable ni una minoría; somos la mitad de toda
la población y la madre de la otra mitad, lo que significa que sin mujeres, la
humanidad no existiría.
Los Derechos Humanos no son más que la creencia de que toda
vida merece respeto. Sin embargo, aun
dentro de la misma Organización de Naciones Unidas, todavía existe un gran
desconocimiento generalizado sobre los derechos humanos de las mujeres. Este desconocimiento es la raíz de muchos
retos y limitantes que enfrenta el movimiento feminista. Las alegaciones de algunos de que la ONU está
violando nuestra soberanía al exigir que se cumplan los Derechos Humanos son
absurdas, ya que éstos están por encima de todo reclamo de soberanía. También debemos entender que la igualdad no
es conceder derechos idénticos, sino concederlos de acuerdo a necesidades y a cada
situación que se presente.
Los antiderechos se aprovechan de esta falta de educación para
alimentar el rechazo de parte de la población a la autonomía corporal y sexual
de las mujeres. El desconocimiento se
hace palpable en los fallos inicuos, tanto de algunos magistrados de nuestra
Corte Suprema, como de los demás jueces que administran justicia en nuestro
país y en el mismo androcentrismo del idioma español, en donde el plural se
refiere a lo masculino. Para combatir
este desconocimiento debemos tener claro cuáles son los derechos de las mujeres
y qué se entiende por Género, Perspectiva de Género y Autonomía Corporal.
Género es el término que se usa para describir la teoría de
que cada sociedad tiene reglas no escritas sobre la manera en que debe
comportarse cada sexo y los “derechos” sociales que tienen los hombres y las
mujeres, casi siempre en detrimento del género femenino. El género es, pues una construcción social
que no es natural, sino que varía según la época, la cultura, la religión y las
costumbres de cada sociedad. De teoría se
ha convertido en una realidad innegable, aunque los antiderechos lo tomen como
una “ideología” que “atenta contra la familia” (refiriéndose a la familia nuclear,
que ya está en extinción en nuestro país).
La perspectiva de género es el enfoque que se le da a
cualquier política pública, programa, normativa o proyecto, reconociendo
expresamente que existe una desigualdad entre hombres y mujeres; analizando las
necesidades de las mujeres para que tengan voz en el proyecto y para
empoderarlas; y generando espacios para el debate entre hombres y mujeres. La perspectiva de género se debe aplicar en
los ámbitos de trabajo, salud y educación.
Es la búsqueda de la igualdad para evitar situaciones de marginación,
violencia e injusticia. Sus elementos
fundamentales son:
·
Reconocimiento de que la forma de ver el género
puede ser diferente, dependiendo de las sociedades y de las épocas.
·
Análisis relativo a que el género nos atribuye,
socialmente, unas determinadas características.
·
Existencia de una desigualdad entre lo femenino
y lo masculino, de forma que predomina lo masculino.
·
Influencia del género en muchos ámbitos como la
economía, el trabajo, la educación, las relaciones entre hombres y mujeres,
etc.
·
La idea de que el género se ve influido por
otros elementos como la edad o el estado civil.
La autonomía corporal, sexual y reproductiva de la mujer es
la libertad para decidir sobre su cuerpo y su sexualidad, de manera que pueda:
·
Ejercer y disfrutar la sexualidad
·
Decidir con quién tener relaciones sexuales
·
Ser respetada en su privacidad e intimidad
·
Vivir libre de violencia
·
Decidir sobre su vida reproductiva, así como el
número de embarazos y cuándo tenerlos.
En Panamá la violación conyugal es delito, lo que significa
que el hombre no tiene derecho a tener acceso
carnal con su pareja cuando quiera y pese a la negativa de la mujer; si lo hiciera
con violencia o intimidación, comete un delito de agresión sexual.
El mismo término “Feminista”, que antes era casi un insulto, está
en capilla ardiente. Ahora no se concibe
una mujer que no sea feminista, porque estaría yendo contra su propio sexo y tendría
que renunciar a todo lo que hemos logrado: poder estudiar, votar, ser
profesionales, ocupar cargos importantes, devengar nuestro propio salario,
tener propiedades, viajar solas e innumerables cosas más. Esto ha quedado en evidencia en el último concurso
de Miss Universo, donde los temas principales de todas las candidatas fueron la
protección del medio ambiente y el empoderamiento de las mujeres.
Haydée Méndez Illueca, PhD
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