Por: Nilson A. Espino
Ingeniero Civil y
Planificador
La administración pasada no pudo solucionar el problema de los tranques
vehiculares ni del transporte público en la ciudad de Panamá, por varias
razones: falta de planificación, ansias de proselitismo y show mediático. El resultado es que tenemos un caos en la ciudad
y el problema del transporte público sigue sin resolverse.
La ciudad de Panamá desde un inicio se desarrolló en forma lineal, entre
dos fronteras, el mar y la zona del canal, por lo que se construyeron vías
longitudinales como la Tumba Muerto, Transístmica, Vía España, Calle Cincuenta
y los corredores Norte y Sur. A medida
que la urbe fue creciendo, se fue creando un problema de congestionamiento,
principalmente por la falta de vías cruzadas que conectaran estas importantes
avenidas.
Así, se construyó la Vía Doce de Octubre y la Vía Porras. Pero estas obras no han sido suficientes para
lograr un movimiento vehicular fluido. En
la actualidad, los tranques vehiculares se dan a todas las horas del día; tranques
que impiden avanzar, gasto excesivo de combustible, impaciencia y desesperación
de los conductores. Consciente de este
problema, el pasado gobierno construyó dos pasos a diferentes niveles, que han
ayudado bastante en el flujo del tráfico de la Ciudad. Me refiero a los puentes sobre las vías
Ricardo J Alfaro (Tumba Muerto) y la Transístmica. Estos dos puentes a diferentes niveles han
mejorado sustancialmente el flujo a lo largo de la Tumba Muerto y la Transístmica;
no así en el cruce de la urbe de norte a sur.
No han permitido conectar el tráfico de norte a sur a través de la Vía
Brasil. Todo el flujo de vehículos por esta
la vía se ha trancado en la Vía España, porque no se construyó el puente a dos niveles
en la intersección de la vía Brasil con la vía España, como continuidad de este
importante corredor. La solución del
flujo vehicular de norte a sur de la ciudad quedó incompleta.
Por ello, la obra más urgente que debe realizar el actual gobierno es la
construcción del paso a dos niveles en la intersección de la Vía España con la Vía
Brasil. Es complicado construir este
puente de urgencia notoria, pero es muy necesario. La pregunta al nuevo gobierno es ¿cuándo se
va iniciar esta obra básica, que es muy necesaria para el desarrollo urbano de
la ciudad capital? Yo diría que el
puente a dos niveles en la intersección entre Vía Brasil y Vía España debe
tener primera prioridad por encima de cualquier otro proyecto de inversión que
se esté programando realizar.
En cuanto al servicio de transporte masivo de pasajeros, lo más
importante es garantizar un tiempo mínimo de traslado de pasajeros de un sitio
a otro. Es decir, desde su origen hasta
su destino. Por ejemplo, garantizar que
un pasajero que vive en la barriada 24 de Diciembre pueda llegar a la plaza
Cinco de Mayo en un tiempo no mayor de cuarenta y cinco minutos.
Garantizados estos tiempos mínimos de traslado desde diferentes sitios,
también habría que garantizar la seguridad del pasajero, que el costo del
pasaje esté de acuerdo con la capacidad económica de los usuarios, que haya
suficiente cantidad de autobuses y que se programe con precisión el intervalo
entre los mismos, para que los usuarios no tengan que hacer largas colas por
horas, bajo el sol y la lluvia.
En el caso del contrato Mi Bus, el público no conoce qué fue lo que se
pactó en el acuerdo. El problema no se
podía resolver cambiando los diablos rojos por una flota moderna de autobuses
con aire acondicionado, porque lo que deseaban los usuarios era llegar temprano
a sus trabajos, hospitales, almacenes o escuelas. Lo que querían los usuarios no era
transportarse en buses modernos. Su
verdadero problema era que se tomaba más de tres horas llegar desde las afueras
de la ciudad hasta el centro. Llegaban
tarde a su trabajo o a las escuelas y tenían que pararse a las cuatro de la
mañana para llegar a tiempo.
Cuando el pasado gobierno reemplazó los diablos rojos por buses
modernos, no cambió nada. Los usuarios
siguieron madrugando y llegando tarde a sus destinos. ¿Qué pasó?
Muy sencillo: se puso la carreta delante de los bueyes. Lo que tenía que hacer el gobierno pasado era
construir primero la infraestructura vial de la ciudad, que permitiera a los
buses avanzar sin interferir con el tráfico vehicular normal de la urbe. Para eso había que construir las rutas
exclusivas para la circulación de los autobuses, las paradas y los puntos de
retorno, antes de comprar los autobuses.
Es decir, acondicionar a la ciudad en su infraestructura vial durante
los tres primeros años de gobierno y el cuarto año traer los autobuses. Si lo hubieran hecho así, no tuviéramos el
caos actual que tenemos en el transporte urbano.
El hecho de que el actual gobierno cancele o revise el contrato de Mi
Bus y asuma total o parcialmente la prestación del servicio de trasporte urbano
de la ciudad capital, no va a cambiar la situación actual. Hay que reconocer que el gobierno pasado se
equivocó en su estrategia y comenzar a diseñar y construir las rutas exclusivas
para los autobuses.
Son más de 500 mil pasajeros que a diario necesitan movilizarse y que
hoy viven angustiados para llegar a sus destinos.
Por eso hay que contratar o conformar un equipo técnico, para que a
tiempo completo, se dedique a analizar el problema en forma integral y proponga
una solución, que no puede ser otra que la construcción vial exclusiva para el
traslado de pasajeros en autobuses en forma expedita, constante, segura y a un
costo razonable.
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