Tuve el honor de ser invitada por
la Sociedad Bolivariana de Panamá el 8 de marzo, como parte del programa de su
reunión mensual, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con
una reflexión sobre las mujeres en la vida de Simón Bolívar. Sin restarle méritos a nuestro Libertador, no
hubiera podido llevar la vida que vivió, ni hacer todo lo que hizo sin estas
mujeres. También quise resaltar las
mujeres que, después de su muerte, han hecho realidad y han luchado por los
principios y valores del pensamiento y el latino americanismo bolivariano, así
como las mujeres de nuestra Sociedad Bolivariana, que mantienen viva la llama
de su pensamiento. Son heroínas que poco
conocemos, porque la historiografía tradicional siempre les ha asignado un rol
secundario o las ha condenado al anonimato, pero su valía va mucho más allá.
Una de las primeras mujeres que
tuvo gran influencia en su vida fue la esclava Hipólita, que fue su nana y lo
amamantó, y a quien él consideraba su verdadera madre. Los niños esclavos parientes de Hipólita
fueron sus compañeros de juegos. Ser
hijo adoptivo de esclavos lo convirtió en un caribeño indómito, de temperamento
sensual, seductor, bailarín y sobre todo, un pensador original que no se
resignaba a imitar a nadie, contrario a lo que se podía esperar de un mantuano
aristocrático. Definitivamente, un
señorito afrancesado no hubiera podido convertirse en el soldado incansable,
aguerrido y experto jinete que fue.
María Teresa Rodríguez del Toro
Alayza fue su primera y única esposa, que murió de fiebre amarilla a ocho meses
de casados. Su muerte colocó a Bolívar
en el camino de la política en vez de ser hacendado, como había creído que era
su destino. Si María Teresa no hubiera
muerto, hubiésemos tenido un hacendado en vez de un Libertador. Ante la pérdida de su amada esposa, el joven Simón
se desespera y se embarca para España, a entregar sus pertenencias a su suegro
y visitar los sitios que compartió con María Teresa, cuando fue feliz.
Al cabo de más de un año de
sufrir su duelo, en París apareció en escena una mujer que lo cambiaría todo y
le devolvería las ganas de vivir: Fanny du Villars, su prima y amor parisino de
juventud. Fanny se codeaba con los
grandes intelectuales y le transmitió el ideario revolucionario de la filosofía
de las luces y el republicanismo. Con su
experiencia, cumplió el rol de amante, madre y guía, lo alejó del vicio del
juego y en cierta oportunidad, hasta le ayudó a pagar sus deudas.
Manuelita
Sáenz fue una de las mujeres que más influencia tuvo en la vida del
Libertador. Su importancia no radica en
haber tenido una relación sentimental con Simón Bolívar, sino que fue una
combatiente que rompió con las estrictas normas vigentes en ese entonces,
vistió uniforme militar, aprendió a usar armas y desarrolló tácticas de
espionaje para ayudar a los planes independentistas. Sin ella tampoco tendríamos Libertador, ya
que le salvó la vida a Bolívar en el Palacio de San Carlos en 1828
enfrentándose a doce asesinos, espada en mano, para darle tiempo al Libertador
de escapar por una ventana y salvar su vida.
Por este acto el mismo Bolívar le dio el título “Libertadora del
Libertador”.
Muchas
otras mujeres hicieron posible los logros de Bolívar, aportando a la causa con
donativos, sirviendo de espías y participando en todas las actividades bélicas,
como María Josefa Canelones, Juana Béjar, Simona Amaya, Juana Escobar y Matilde
Anaruy, incluyendo a la panameña Rufina Alfaro de Los Santos, quien dio el
primer grito de independencia el 10 de noviembre de 1821.
Haydée Méndez Illueca, PhD
En Panamá muchas
mujeres siguen luchando por la libertad de la patria, inspiradas en los valores
y el pensamiento de Bolívar, que no pierden vigencia con el tiempo, sino que
cada día se hacen más necesarios y forman parte importante del proyecto
feminista.
Al
despuntar el siglo XXI, el rugido del feminismo estremeció las bases mismas de
nuestras sociedades y las mujeres pasamos del silencio a la palabra. A pesar de que el feminismo es una revolución
sin violencia, de carácter pacífico, resulta ser un proyecto colectivo y
emancipador con vocación internacional, muy similar al proyecto libertador de
Bolívar. Es una posición filosófica y
una lucha contra el patriarcado, no contra el hombre. No se trata de hacer lo mismo que los
hombres, sino de reemplazar el patriarcado en el mundo por una gerencia del
poder equitativa, en donde los valores de la mujer y el hombre, valores
femeninos y masculinos…tengan el mismo peso en la sociedad. Cierto es que los logros obtenidos han sido
enormes para las mujeres, pero aún hay huellas que dejar en el camino.