Las actuales guías del MEDUCA no
guían, sino más bien refuerzan los roles patriarcales y los estereotipos de
género-----precisamente lo que se combate con la educación integral en
sexualidad. APAEIS, APLAFA, FUNDAGÉNERO
y CDNA son algunas de las asociaciones de la sociedad civil que, tras un
análisis pormenorizado de cada una de las cinco guías, se han pronunciado en
contra de esta nueva versión de las Guías de Educación Integral en Sexualidad. Las mismas han sido consultadas y elaboradas
por actores religiosos, no idóneos y sin la preparación científica ni
pedagógica requerida para cumplir con el objetivo deseado: reducir los
embarazos no deseados y evitar el contagio de enfermedades de transmisión
sexual. Se hizo evidente que todas
necesitan fortalecer sus contenidos en los principios básicos de los derechos
humanos, con énfasis en los derechos de la cuarta generación, como son los
derechos sexuales y derechos reproductivos.
Lamentablemente, estas guías ya
fueron presentadas en un taller el año pasado a 5,000 docentes, quienes ya las deben
estar impartiendo en sus escuelas. Los y
las docentes son una importante fuerza educativa, que puede influir
positivamente en la formación del alumnado y sus familias. Pero deben disponer de los conocimientos y
recursos pedagógicos adecuados, para contribuir eficientemente a la labor conjunta
con los padres y con diversos actores sociales, instituciones, grupos de la
comunidad y servicios de salud, entre otros.
Por ello es importante que la educación sexual se explique
científicamente y no de manera religiosa y moralista.
Entre las falencias que se
hicieron evidentes, tenemos que no se habla de los distintos tipos de familia y
se presume que todos los estudiantes tienen familia, cuando sabemos que el 87%
de las familias panameñas no son familias nucleares. No se aborda el género, ni se define ni se
diferencia entre el contacto bueno y el malo.
No se habla de todas las formas de abuso sexual, ni de acoso, ni de
hostigamiento. Tampoco se menciona que
existe la atracción sexual y romántica por el mismo sexo.
Las guías de pre-media y media contienen
actividades altamente sexistas, que profundizan las desigualdades entre hombres
y mujeres. Tampoco se plantea la
posibilidad de buscar orientación sobre la sexualidad de médicos o
psicólogos. Se plantea la abstinencia
como la única conducta que previene embarazos y enfermedades de transmisión
sexual, sin mencionar otros métodos.
Los embarazos sólo se mencionan
como problemas de las niñas. La capacitación
debe incluir a los varones y enfatizar en la responsabilidad que tienen de
tener sexo seguro y luego al ser padres.
Se les debe explicar cómo colocarse el condón. Se excluye al varón y a sus padres o
acudientes de la responsabilidad de aportar dinero y turnarse en el cuidado del
bebé recién nacido; todo queda como responsabilidad de los padres o tutores de
la niña. Se debe informar sobre la
píldora del día siguiente y el tratamiento retroviral para evitar el VIH-SIDA
en caso de violación o estupro.
El respeto a la vida desde la
concepción es una clara alusión contra el aborto, tema de los Pro Vida. Se habla de la ilegalidad del aborto y la
prisión para la mujer que lo comente, sin hablar del modo de evitarlo, ni
informar que la menor de edad tiene derecho a interrumpir el embarazo, ni se
menciona la responsabilidad del menor o violador que la embarazó. No le da más alternativa a la adolescente que
parir el hijo y olvidarse de sus planes para un futuro mejor, lo que la condena
a la pobreza y la dependencia. Falta
información sobre procesos de la adolescencia, como cambios hormonales, la libido,
etc. La Guía Para adolescentes
embarazadas, sobre los cuidados básicos de la adolescente fecundada y
embarazada y del recién nacido, es tan perniciosa, que debe eliminarse o cambiar
su enfoque para que sea inclusivo.
Podemos concluir que al poner nuestras creencias y nuestros libros sagrados por
encima de la ley, se está violando la Constitución (cuyo artículo 91
manda a que la educación se base en la ciencia), los convenios internacionales que
son ley de la República y todas las leyes nacionales sobre el tema, a saber, la
Ley de Igualdad de Oportunidades (Ley 4/1999) y el Decreto Ejecutivo 53/2002
que la reglamenta; la ley de Adolescente Embarazada (Ley 29/2002); la Ley
contra la violencia hacia las mujeres (Ley
82/2013); y la Ley 302 de 2022, que establece el programa de formación en
materia de educación en sexualidad y afectividad.
Ya es hora
de que en Panamá se imparta educación integral en sexualidad como manda la ley
y se implementen políticas públicas para combatir la impunidad y proteger a nuestras
niñas de violadores y delincuentes sexuales.
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