La violencia contra las mujeres
se basa en la falta de poder económico y político de las mujeres que viven en
sociedades patriarcales. Para entender
la violencia contra las mujeres se requiere analizar la relación entre la
violencia y la estructura de las principales instituciones sociales. En este sentido, para detener la violencia
contra las mujeres se las tiene que liberar de las relaciones sociales y
económicas opresivas.
Hay muchos tipos de violencia que
se ejercen sobre las mujeres. Así
tenemos, por ejemplo, la violencia doméstica, la pobreza, la discriminación
laboral y salarial, la discriminación social y religiosa, la desigualdad
política, la desigualdad educativa, la violencia sexual, la discriminación en
cuanto a los servicios públicos de salud, el maltrato judicial---en fin, todo
lo que pone en desventaja a las mujeres con respecto a la otra mitad de la
población, es violencia.
Según las estadísticas, hay menos
las mujeres víctimas del delito que hombres.
No obstante, esta estadística se basa únicamente en la cifra conocida y
no toma en consideración la cifra oculta, que consiste en los delitos que no se
denuncian a la policía y que permanecen ocultos a la vista pública, como la
violencia doméstica, el incesto y la violación conyugal. Además, se ha comprobado que en algunos
grupos de mujeres y en algunos delitos (principalmente los delitos contra la
libertad sexual), la tasa de victimización es mayor para las mujeres que para
los hombres.
Dentro de estos grupos de mujeres
y de delitos, algunas mujeres tienen más probabilidades de ser víctimas que
otras. Específicamente, en los delitos
contra las mujeres afrodescendientes y las mujeres entre 16 y 19 años de edad,
la tasa sobrepasa la de los hombres; hay más víctimas entre las mujeres de 16 a
24 años en comparación con mujeres de cualquier otra edad; las mujeres entre 12
y 15 años son los blancos preferidos del hurto; y la tasa de victimización es
inversamente proporcional a la edad de la víctima
Existe una relación directa entre
los delitos que se cometen contra las mujeres y su falta de poder político y
económico dentro de la sociedad. El
temor a ser víctimas del delito limita la libertad de acción de las mujeres y
aumenta en ellas el sentido de vulnerabilidad personal, limitación ésta que de
por sí constituye una forma de violencia.
Las tasas de victimización demuestran que el delito contra las mujeres
refleja su falta de poder. Las mujeres
divorciadas y separadas tienen seis veces más probabilidades de ser violadas o
de ser víctimas del robo que las mujeres casadas; cinco veces más
probabilidades de ser asaltadas y 60 por ciento más probabilidades de ser
víctimas de hurto. No obstante, tampoco
se puede decir que hay menos víctimas entre las mujeres casadas, ya que la
violencia doméstica que no aparece en las estadísticas y su aislamiento dentro
y fuera del hogar pareciera indicar lo contrario.
Las mujeres de los más bajos
estratos sociales son más vulnerables al delito de violación, lo que indica una
relación entre el mundo de la vida de las mujeres y la violencia como sistema
de control social. Se ha pensado que la
causa de la violencia contra las mujeres está en la personalidad y los
antecedentes sociales de los perpetradores, pero los datos empíricos indican
que las causas de la violencia no están en las características de los
delincuentes, sino en el nivel político y económico de sus víctimas.
No obstante, la violencia contra
la mujer no es menor en la cultura dominante, sino que simplemente está más
oculta o legitimada como comportamiento masculino adecuado. Desde la perspectiva feminista, la violencia
es el resultado de un patrón aprendido de agresión y dominación masculina y la
violación no es más que una exageración de los roles sexuales
tradicionales. La violación ocurre
porque los hombres han aprendido a obligar a las mujeres a tener relaciones
sexuales en contra de su voluntad. Las
mujeres históricamente han sido definidas como propiedad de los hombres, y aun
cuando ya no lo son en nuestra sociedad contemporánea, su uso como objetos
sexuales en publicidad reduce su sexualidad a una mercancía. Convertirse en una cosa es convertirse en un
objeto susceptible de ser poseído y este estatus deshumaniza a la mujer y la
hace víctima de la violencia masculina.
El hecho de que la mayoría de los violadores no considera que haya hecho
nada malo, demuestra que la violencia contra las mujeres tiene algún grado de
legitimación dentro de la sociedad.
Tenemos, entonces, que las mujeres que se perciben como las menos
valiosas de la sociedad son las más victimizadas, así como las que no son
identificadas como pertenecientes a un hombre.
Haydée Méndez Illueca, Ph.D.
Abogada
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