Haydée Méndez Illueca, PhD
El 18 de marzo la Defensoría del Pueblo organizó un
debate para los candidatos presidenciales sobre el tema de los derechos humanos
de las mujeres. El Tribunal Electoral
tuvo la amabilidad de abrir sus puertas a las mujeres y prestar su auditorio
para que se abriera el debate a las 6:30 p.m.
Muchas mujeres fuimos, entusiasmadas porque pensamos que por fin íbamos
a escuchar de boca de los candidatos las propuestas sobre nuestros
derechos. Lamento decir que fue una gran
desilusión y un gran desplante, porque sólo asistió una candidata presidencial
– la única mujer de siete candidatos (y eso que es el mes de la Mujer).
Sólo una candidata asistió; dos enviaron a sus
candidatos a vice presidentes; uno mandó una nota formal excusándose por otro
compromiso; otros dos cancelaron a última hora; y otro canceló la asistencia de
su candidata a vice presidenta y en el último minuto de cierre se apareció una
que decía ser su representante, que ni era candidata a vicepresidente ni era de
su partido y que se apareció en el minuto de cierre, exigiendo que se le dieran
5 minutos para su discurso (lo que no le permitieron, porque los demás
asistentes no estuvieron de acuerdo).
Los más perjudicados con esto son los mismos candidatos,
porque pierden la oportunidad de pronunciarse sobre temas específicos y dar a
conocer sus propuestas. Los minutos que
quedan por la ausencia de candidatos deberían repartirlos entre los que sí
asisten, para que la pérdida de unos sea ganancia de otros. En el Foro Económico de CONEP, que se llevó a
cabo en el Hotel Sheraton, no permitieron que los candidatos enviaran a nadie
en su representación. Así debió ser en
el debate por los derechos humanos de las mujeres.
Las mujeres queríamos saber qué proponían los
candidatos presidenciales hombres
sobre las políticas públicas a favor de la mujer. Sin embargo, a veces se dice más con no decir
nada---en este caso, indiferencia y desprecio hacia las mujeres y reafirmación
del patriarcado, así como hacia la Defensoría del Pueblo y el Tribunal
Electoral. Se prefirió coquetear con
grupos de interés, en vez de enfrentar los problemas y luchas de la mitad de la
población y las madres de la otra mitad, porque todos los grupos de interés
tienen mujeres entre su membresía y la defensa de sus derechos les concierne a
todas. Se cubría más población hablando
a todas las mujeres.
Siempre
insisto en que la capacitación es importante, pero de nada vale tener mujeres
bien informadas de sus derechos ni crear las vías legales para ejercerlos, si
no existen los medios para que estos se concreten. Por ello, simultáneamente a la capacitación
se recomienda tomar acción afirmativa, teniendo presente que estas medidas son
temporales y se deben tomar previo análisis, para no llegar a la discriminación
inversa. Las asignaciones
presupuestarias para tomar estas medidas debió ser un tema de las propuestas,
así como destinar recursos para la dotación de casas seguras, líneas calientes,
vehículos de transporte de emergencia, y otros.
Esto podría coordinarse con grupos voluntarios de la sociedad
civil.
Entre las luchas democráticas que el Estado deberá
enfrentar en el siglo XXI, la más importante consiste en transformar los
malestares, demandas y necesidades de las mujeres y los hombres en propuestas
de naturaleza política. Aun cuando
parezca una tarea audaz y muy difícil de alcanzar, es un quehacer impostergable
para orientar nuestra acción e impulsarla a cruzar la frontera que reta lo
imposible para ingresarlo en el terreno de lo posible.
Para lograr el cambio de paradigma los candidatos
se deben atrever a abordar temas polémicos, dejar la demagogia y el miedo a
perder votos a un lado y mantenerse en sus principios. Esto merece más respeto que actuar como una
vela al viento.
Nos despreciaron cual cenicientas, pero no llegó
ningún Príncipe en su carruaje a “hacernos felices por el resto de la
vida”. Sólo llegó una mujer como
nosotras. Esto confirma mi opinión de
que si las mujeres no participan de la vida pública y se convierten ellas
mismas en instrumento para el cambio social, nadie lo va a hacer por
ellas. Debemos tomarlo como una lección:
los príncipes azules se convierten en sapos cuando de poder se trata. Por lo tanto, las mujeres no deben cejar en
la defensa de sus derechos mediante luchas sociales, pronunciamientos,
protestas y demostraciones de sororidad para con otras mujeres cuyos derechos
han sido o están en peligro de ser violados.
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